Italia: Odisea de una boliviana

Rodolfo Faggioni

septiembre 9, 2009Publicado el: 3 min. + -
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Milán, Italia.- Se llama Lourdes, tiene 39 años y es de Cochabamba. Vive y trabaja en Italia desde hace 5 años, ha llegado acompañada de su esposo y dos de sus hijos, el mayor de 22 y del menor de 6. Lourdes es doméstica en 13 familias de Milán, empieza a las siete de la mañana y termina a las siete de noche. Todos los días de lunes a sábado.

Lava, plancha, se ocupa de la limpieza de las casas, da una ojeada a la abuelita que está en la otra habitación o al bebito que está jugando, riega las flores, es decir, hace las mil cosas que los dueños de casa no pueden por encontrarse en el trabajo. Todo esto en trece casas distintas. Dos horas en una casa, tres en otra, y así por toda la semana. Gana de 800 a 900 € al mes (1120-1260 $). Lourdes pero es una "indocumentada" o mejor dicho es una "clandestina" en Italia.

El 1° de Septiembre ha iniciado la "legimitación" de las domésticas "clandestinas". Tienen que presentar toda una serie de documentos, y, sobre todo, se tiene que hacer una aportación "forfait" de 500 € (700 $), que debería ser abonado por el empleador.

La señora Lourdes empieza por este último detalle: "Los 500 € los pago yo" -dice- "el problema es que trabajo en 13 casas distintas y no llego a las 20 horas semanales en una sola casa, que es requerido como condición principal para salir de "clandestina". De sus 13 "dueños de casa" ninguno tiene la intención de hacerle un contrato por las 20 horas semanales.

"Y pensar -dice- que son personas buenas, amables, por Navidad me hacen regalos, en verano me dejan las llaves de casa, soy casi como una persona de familia, se fían de mi, pero no me quieren hacer un contrato y en estas casas trabajo desde hace años".

"El tiempo pasa -continúa- y el 30 de Septiembre caducará la 'legimitación', trabajo más de 20 horas por semana, a veces hasta 30, pero no tengo la posibilidad de ser una persona 'normal' sin miedo de ser repatriada por 'clandestina'".

Lourdes vive en una casa en alquiler, agradece a Italia, gana lo bastante para poder ayudar a su familia en Bolivia, pero no sabe cómo terminará esta odisea. Espera, es lógico, que se resuelva positivamente. Su condición de "clandestina", hace, incluso, que no pueda ser visitada por un médico por miedo de ser denunciada.

Todo esto gracias a un pequeño partido xenófobo y racista establecido en el Norte de Italia, estrecho y fiel aliado del partido de Berlusconi que ha emanado un decreto severo con los "migrantes clandestinos" y que ha sido criticado por los partidos de oposición, por la Conferencia Episcopal Italiana e incluso por el Vaticano, por considerarla una ley no adapta para un país civilizado como es Italia.

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