Cocaleros, originarios de Achacachi, ayllus de Potosí y cooperativistas mineros decidieron ejercitar el “voto comunitario” en las próximas elecciones de diciembre a favor de la candidatura del MAS. Algunos de ellos advierten que castigarán con la “justicia comunitaria” a todos aquellos que propicien campañas para otros candidatos o voten contra la decisión de la comunidad.

El gobierno adopta una actitud complaciente frente a estos anuncios y algunos oficialistas tratan de justificar el “voto comunitario” como una manifestación de los “usos y costumbres” en las zonas rurales del país; mientras la oposición denuncia la manipulación del voto por parte del oficialismo, que en la Ley Electoral es tipificada como delito que se castiga con la privación de la libertad.

El problema amerita un análisis más cuidadoso. Si fuera real el “voto comunitario” sería la negación de la democracia burguesa que se asienta en el principio de que el mandato emana de la conciencia individual del ciudadano: “un ciudadano = un voto”. La suma de los votos individuales constituye la “voluntad popular”, el “soberano” que define la forma del Estado y de los gobiernos que van ha dirigirlo.

Esta concepción de la democracia burguesa proviene de la preeminencia de la propiedad privada que es el fundamento del desarrollo de la conciencia individual. Para el pensamiento liberal – burgués, de esta manera, se diluyen en el ejercicio del voto las diferencias de clase y por tanto la lucha de clases. Se trata de un mecanismo engañoso para perpetuar el Estado burgués que es un instrumento de opresión al servicio de los dueños de la gran propiedad privada de los medios de producción.

Por el contrario, en la supuesta realidad del “voto comunitario”, la conciencia individual se funde en la conciencia colectiva. La comunidad adopta una forma de gobierno donde impera la democracia directa, donde los miembros de la colectividad deciden la conducta de toda la comunidad. Esta práctica de organización social tiene un fundamento material que es la propiedad comunal que genera formas colectivas de producción y apropiación del producto, según las necesidades de los miembros de la comunidad. Entonces, de manera natural, cobra preeminencia la conciencia colectiva en la comunidad.

La pregunta es ¿en qué medios agrarios son preeminentes las formas de propiedad comunal? La simple observación empírica nos lleva a la conclusión de que los indígenas de Achacachi, los cocaleros y una inmensa mayoría campesina es pequeña propietaria. Los ayllus de Potosí tienen formas de propiedad comunal, pero producen la tierra de manera familiar – individual y los cooperativistas mineros, al constituirse en “socios” de un centro de producción, socios con derechos individuales, están asentados también en formas de propiedad privada. ¿Cómo es que en esta realidad material pueda surgir y consolidarse una conciencia comunitaria?

De lejos, puede percibirse que el famoso “voto comunitario” es una forma más de manipulación del voto, una impostura, fenómeno que no es de ahora. La clase dominante impuso el “caballo del corregidor” para usar la violencia estatal con el propósito de obligar a votar por el candidato oficialista; el MNR impuso el “voto campesino” para perpetuarse en el poder, y ahora el MAS inventa el “voto comunitario” para lograr el 51% de la votación y controlar la “Asamblea Plurinacional”.

El mecanismo es sencillo: controla a los caciques campesinos con una serie de prebendas; éstos a su vez se encargan de montar la impostura en reuniones cupulares a nombre de los indígenas de base y difunden la idea de que hay que apoyar el “proceso de cambio” para que el “hermano Evo” permanezca muchos años en el poder.

Además, se generaliza la idea de que ese es su gobierno, a quien se le puede pedir favores y beneficios para la región que redundarán también en provecho personal.De esta manera, se confirma una vez más la tesis trotskysta de la inviabilidad de la democracia burguesa en Bolivia, con padrón biométrico o sin él.

* Dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA-POR).