Pese a la chatura cultural de la clase dominante boliviana que siempre se limitó a copiar y caricaturizar la cultura europea, el Centenario de la República fue todo un movimiento cultural. Fueron actores del Centenario Ricardo Jaymes Freire, Adela Zamudio, Franz Tamayo, Bautista Saavedra, Ricardo Mujía y muchos otros que destacaron en el arte, la investigación histórica, la sociología y otras disciplinas del conocimiento que dieron consistencia al movimiento del Centenario.

El clima cultural de ese movimiento está resumido en un precioso libro que ahora se ha convertido en una rareza bibliográfica.

El Bicentenario de La Paz, por el contrario, es la expresión de la chatura cultural de sus actores. Más allá de las obras estrella del alcalde Juan del Granado -Evo Morales dijo en uno de sus discursos chabacanos que habría que clonar al alcalde paceño, seguramente pensando en los alcaldes masistas, los más incapaces y corruptos- ¿qué producto cultural nos ha dejado? Nada.

Aabundó la falsificación histórica como eso de que sólo los aymaras han dado contenido libertario a las luchas contra los españoles, como sostuvo García Linera en su discurso en el Parlamento.

Otros, mucho más subjetivistas, han llegado al extremo de sostener que criollos y mestizos fueron traidores y que todo se redujo al sacrificio de los indígenas, sin comprender que los intereses materiales de indios, criollos y mestizos chocaron contra la corona española.

Les guste o no, los protagonistas y la dirección de la lucha contra el dominio español fueron los criollos, quienes -inspirados en el liberalismo insurgente europeo- le dieron contextura teórica desde las universidades, especialmente de San Francisco Xavier, y arrastraron detrás de sí a mestizos e indígenas.

Las guerrillas de la independencia fueron movimientos armados donde el criollo terrateniente se puso a la cabeza del mestizo y del indio. A pesar de sus limitaciones, éstos se constituyeron en la columna vertebral de una larga resistencia frente a los poderosos ejércitos imperiales.

Los criollos, sin embargo, no lograron constituirse en una vigorosa dirección burguesa y actuaron en el marco de sus limitadísimos intereses materiales ligados a la posesión de la tierra y a la explotación del indio, sin la posibilidad de propiciar una verdadera revolución para transformar a Bolivia en un país capitalista.

A este hecho se debe que la llamada independencia significó la continuidad y la primacía de la hacienda feudal y el fracaso reiterado de todo intento por modernizar las instituciones superestructurales del país (Estado, educación, ejército, la democracia, etc.)

El indio y el mestizo sólo cambiaron de amo, sufriendo las consecuencias de la explotación, del atraso y de la miseria.

El Bicentenario, a pesar del atraso cultural de sus actores, que en muchos casos raya con la barbarie, ha sido empañada por las actitudes ridículas y estrambóticas de Hugo Chávez, quien en pleno banquete en el lujoso Hotel Rádison se puso a cantar “Alma llanera” a duo con Rafael Correa.

Intentaron saciar el interés de la gente con lujosísimas y marciales paradas militares, presentaciones de artistas y cómicos. ¿Qué más podían dar, además de la plata y el lujo, los conductores del “socialismo del siglo XXI?