Un G-8 sin pena ni gloria

Rodolfo Faggioni

julio 11, 2009Publicado el: 4 min. + -
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L'aquila, Italia.- La lucha contra la pobreza en el mundo debería de estar en el programa primordial de todos los estados desarrollados. En el mes de julio en L'Aquila (Italia) se han reunido los grandes de la Tierra, los llamados G-8, los países más industrializados del globo terráqueo: Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra, Japón, Canadá, Alemania y Rusia. Invitados como países emergentes económicamente, sin pertenecer a los países más desarrollados, India, China, Brasil, México y Sud Africa. Los resultados de esta cumbre no han sido satisfactorios.

La lucha a la pobreza ha sido definida como uno de los desafíos más importantes a los que la humanidad tiene que enfrentarse, actuando los principios de base de los derechos humanos: el derecho a una vida digna, a la salud, a la instrucción.

Sobre una población de casi seis mil millones de habitantes, la mitad vive con menos de dos dólares al día y un quinto con menos de un dólar. Esta última condición está definida como pobreza absoluta. Los pobres están concentrados casi todos en el sur del mundo, sud-est de Asia y Africa subsahariana.

En estos últimos años, los países industrializados han hecho progresos notables en términos de desarrollo material. Este progreso se ha traducido en beneficios que han sido distribuídos de manera desigual. El 10% de la población mundial produce el 70% de los bienes y servicios y recibe el 80% del rédito mundial y en los últimos cincuenta años esta diferencia continúa aumentando cada día más.

Tambien el fenómeno de la pobreza urbana ha crecido en períodos recientes debido a la emigración de las zonas rurales a las ciudades. En metrópolis como Bombay, Ciudad de Méjico, El Cairo o Manila es donde se manifiesta de modo visible desnutrición, enfermedades, mortalidad infantil, trabajo de menores de edad, prostitución, degrado ambiental y falta de servicios de base como sanidad e instrucción.

La lucha a la pobreza se ha vuelto, desde este siglo, el principal objetivo de la política de cooperación y ayuda de las mayores organizaciones mundiales. A este resultado han contribuído de modo determinante las acciones promovidas por movimientos de inspiración religiosa, laica y del voluntariado en general. Batallas para valorizar la participación femenina, el acceso al micro-crédito, la promoción del comercio justo son algunas de las formas que en tiempos recientes se han añadido a los programas tradicionales de ayuda como la promoción de tecnologías apropiadas, el sustentamiento a la educación, sanidad, etc.

Los Grandes de la Tierra en su reunión de L'Aquila no han aplicado la estrategia que la mayor parte de los países sub-desarrollados del mundo pide, es decir una mayor liberización de sus mercados para facilitar las exportaciones de los países en vía de desarrollo y estimular su crecimiento económico y sobretodo facilitar las inversiones extranjeras asitiéndolos en el esfuerzo de crear incentivos en términos de instituciones, cuadros legislativos e infraestructuras.

Existe también un problema de interés global, el más importante es la cancelación de la deuda exterior de los países pobres, incluyendo la necesidad de intentar otra vez más la ayuda internacional al desarrollo. Estas cuestiones están ligadas íntimamente a la reconversión de enteras economías sin empeorar las condiciones de vida de grandes áreas de la población mundial.

Durante el G-8 de L'Aquila, los líderes mundiales se han comprometido en donar 20.000 millones de dólares contra el hambre. Son los mismos dólares prometidos en el G-8 de Glenagles, los mismos prometidos, más antes, en la reunión del Milenio en la Asamblea de las Naciones Unidas en el 2000 y estos 20.000 millones de dólares son sólo un tercio de lo que el mundo necesita.

Barak Obama ha sido el verdadero líder de esta cumbre, ha sido el ártifice del documento sobre la seguridad alimentaria y ha obtenido comoel resultado la reducción de las emisiones de CO2 en un 80% para el 2050.

Sobre este último asunto el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon se ha declarado "insatisfecho" por la falta de acuerdo entre los países emergentes, sobretodo China e India.

Reivindicar que el G-8 ha sido un suceso no nos parece justo frente a millones de personas que mueren de hambre y de enfermedades en el continente africano.

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