El Fisgón es un caricaturista mayor en México. Junto a Rius y otros notables moneros tienen una revista que se llama El Chamuco y los hijos del Averno (www.elchamuco.com.mx). Una de sus tallas enjuicia las causas y consecuencias de la gripe porcina, que hoy pudorosamente se llama Gripe A1H1 por presión de las transnacionales cárnicas.

Dice que los gobiernos del neoliberalismo quebraron el poderoso sistema de seguridad social mexicano al suspender la afiliación obligatoria, al quitar subsidios y transferir esos servicios al sector privado. No hubo más un solo peso para investigación científica pero sí cuantiosos subsidios a la industria farmacéutica privada.

Y como tampoco hubo control sobre las granjas porcinas estalló la gripe ídem y se propagó incluso en los Estados Unidos. El seguro social no tenía una pinche méndiga pastilla de Tamiflú para dar a la población necesitada y entonces la enfermedad se convirtió en pandemia. ¿Quiénes pagaron las consecuencias de la política neoliberal y de la industria porcina? Los pobres, la economía de subsistencia.

El Estado atacó al sector formal cerrando restaurantes, karaokes, discotecas, estadios, y prohibió espectáculos públicos. Con ello jodió a los pequeños inversores y miles de miles que trabajaban de cocineros, meseros y personal de servicio quedaron sin empleo. En cambio no tocó, porque no pudo, controlar las aglomeraciones del mercado de Tepito, de Lagunillas y los cientos de tianguis y ferias y vendedores ambulantes.

En Bolivia estamos a punto de cometer el mismo error. En Santa Cruz ya se ordenó el cierre por cinco días de restaurantes, karaokes, centros de diversión, estadios, iglesias y espectáculos, es decir, el sector formal, la gente que paga sus impuestos y genera empleo. En cambio no se atrevieron a cerrar los mercados populares, como el Plan 3000, que sirve para la subsistencia de cientos de miles de bolivianos.

En Cochabamba ya se ha comenzado a hablar en el mismo tono, para perjudicar una vez más al sector formal, cuando a la vista hay grandes centros de hacinamiento, como La Cancha, San Antonio y La Pampa, donde no hay agua para lavarse las manos ni nadie usa barbijo.

Si ese pánico irracional cunde en Cochabamba tendremos un serio impacto en la pequeña y crítica economía regional, se cerrarán cientos de negocios y miles quedarán sin empleo.

Por otra parte, los medios anuncian que los contagiados que dicen oink en lugar de achís pasaron los 500 casos, pero que 300 de ellos ya se restituyeron a sus labores habituales. Tenemos tres muertos, y no por la gripe porcina sino por males anteriores. O sea que, en buenas cuentas, en el país tenemos 500 enfermos graves… y tres muertos leves. ¿Y por eso vamos a joder la economía regional?

Habrá que llamarlo al Chapulín Colorado para escuchar su voz sensata y obedecerle: ¡Que no panda el cúnico!