El 11 de junio último, a las 8 y 15 horas, la red de emisoras indigenistas ALER – Contacto Sur, que se difunde en Bolivia a través de ERBOL, informó que pueblos de la selva peruana planteaban que la Amazonía fuera declarada "Patrimonio de la Humanidad". El anuncio, que esperemos sea una voz aislada, es, sin embargo, una advertencia de lo que podría a convertirse en la victoria final del euro centrismo sobre el frustrado proyecto bolivariano, repudiado también por el retrógrado vicepresidente del Congreso de Perú, Álvaro Gutiérrez.

Declarar a la Amazonía "Patrimonio de la Humanidad", la mayor reserva de biodiversidad del planeta, con sus 360 millones de hectáreas, surcado por el río más grande del mundo, cuya dimensión es similar a la que separa Nueva York de Berlín, es el sueño más ambicioso de los centros de poder mundial.

El 15 de junio, la misma fuente hizo saber que el Presidente de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), Wilson Changaray, está realizando gestiones ante el BID, las que se hallarían bien encaminadas, para que los guaraníes exploten en su beneficio las reservas de gas y petróleo del Chaco boliviano, donde se hallan los mega campos de hidrocarburos del país. Cabe recordar que el BID impulsó en los noventas la privatización de las reservas de gas y petróleo.

Es verdad que la Asociación Interétnica de la Selva Peruana rechaza los Tratados de Libre Comercio (TLC), suscritos por Alan García, demanda el retiro de empresas mineras, petroleras y forestales foráneas que operan en suelo peruano; sin embargo, estas consignas son coyunturales, ya que, a corto o mediano plazo, las compañías estarán contentas de negociar en el Perú con alguno de sus 56 pueblos amazónicos y no con un Estado nacional, por sumiso que sea.

La historia enseña, y no hay un ejemplo que lo desmienta, que el poderío de las naciones sólo puede ser enfrentado con otras naciones. A manera de ejemplo, las potencias vencedoras en la primera guerra mundial se vieron amenazadas por los países derrotados después que estos lograron reconstituir su poderío nacional, económico y militar. Sólo una América morena unida e integrada por países soberanos y que controlan sus recursos estratégicos, puede retener sus excedentes y definir después si quiere estructurar sociedades socialistas, ecologistas, comunitarias o autogestionarias.

Son los Estados nacionales, en función de sus propias realidades y en ejercicio de su autodeterminación, los que deben definir las formas de rescatar las culturas de sus pueblos precolombinos y las maneras de enriquecerse y desarrollarse con los aportes de sus idiomas, cosmovisiones y costumbres y no a través de convenios foráneos. Pensar que débiles poblaciones indígenas pueden detener el dominio imperialista es una falacia.

En nuestra América, las ONG y los indigenismos a ultranza están empeñados en cumplir el convenio 169 de la OIT, convertido en obra maestra de consultores daneses, destinado a aniquilar a los Estados nacionales, para beneplácito de oligarquías separatistas que operan en el oriente boliviano, en Zulia en Venezuela y en Guayaquil en Ecuador. Su habilidad ha consistido en enfrentar a muerte a indígenas y mestizos, que son la base de nuestros Estados in constituidos.

Mientras ello ocurre, la Unión Europea se cohesiona cada vez más, EEUU fortalece su unidad interna, y China y la India respetan su pluralidad idiomática y su inter culturalidad sin destruir su articulación interna. Lo ocurrido hasta ahora, permite imaginar a un sonriente Cristóbal Colón, quien, desde sus estatuas parece portar un mapamundi en el que Indo América es desgarrada, aún más, por transnacionales y el indigenismo a ultranza.