Guillermo Lora era el más conspicuo sobreviviente de una época gloriosa del proletariado boliviano, que mereció para el país el calificativo de el San Petersburgo de América. El efecto más formidable de la nacionalización de las minas fue triple: el fortalecimiento del sector estatal de la economía, la conformación del Estado del 52 sobre esa base formidable, y la constitución de la aguerrida vanguardia del proletariado boliviano. Así estos tres grandes fenómenos históricos fueron como hermanos trillizos.

Desapareció la minería nacionalizada y se derrumbó, por un lado, el Estado del 52, y por otro, la vanguardia minera.

Hoy esa vanguardia es difusa. Quizá esté conformada por los trabajadores cocaleros y por los mineros cooperativistas; digo quizá porque hay otro sector no menos importante, que es el movimiento indígena-campesino, el cual tiene dos brazos: la Confederación y la Federación de Mujeres. Esta nueva conformación histórica parece poner en duda el dogma que Guillermo Lora sostuvo a lo largo de su vida: el proletariado como vanguardia de la revolución. Privado de su base económica, desarticulado por los efectos del neoliberalismo en nuestra economía, el viejo proletariado es una fuerza que cayó en picada, y tal vez una fuerza en extinción, como lo demuestra la imagen actual de la otrora poderosa Central Obrera Boliviana, o la imagen desdibujada de la gloriosa Federación de Mineros.

Hay que honrar la memoria de Guillermo Lora porque vivió la historia y escribió la gesta de ese viejo proletariado, como lo demuestra su monumental Historia del Movimiento Obrero Boliviano. Aquel proletariado se caracterizaba por la formulación de tesis políticas que tenían influencia decisiva en el rumbo de la historia nacional. La más importante fue sin duda la Tesis de Pulacayo, escrita por Guillermo Lora, en la cual se formula sin ambages el programa de gobierno de la revolución del 52. Lora fue uno de los militantes troskistas más grandes del planeta y jamás renunció a su credo.

Cuando formuló las demandas históricas de aquella coyuntura, quizá vislumbraba esa gran oportunidad de consolidar la clase obrera boliviana mediante la creación del sector estatal de la economía. No se equivocó, pues de ese modo nacieron los trillizos históricos que protagonizaron ese proceso, y jamás abandonó su línea incluso a costa de equivocarse, como ocurrió con el asedio de la Asamblea Popular al régimen progresista del general Juan José Torres, que fue fruto de otra tesis política de la COB inspirada y quizá redactada por él mismo.

Pocos políticos hubo tan influyentes en vida como Guillermo Lora en el proceso que duró de 1946, año de la Tesis de Pulacayo, a 1971, año de la caída del general Torres, con prolongaciones a la época de advenimiento de la democracia, pues el asedio de la clase obrera, inspirado por Lora, se repitió contra el Presidente Hernán Siles Zuazo. Quizá ésta fue otra equivocación histórica, pero hay que juzgarla por la dimensión del personaje que la inspiró. En ese sentido, pocos líderes y teóricos políticos vivieron con tanta intensidad histórica como Guillermo Lora. Murió un ciclo histórico y murió uno de los grandes protagonistas de ese ciclo.