Este domingo leí en Página 12 una entrevista a Jorge Bernstein, economista argentino de los pocos que vio, durante el auge del neoliberalismo, que el modelo nos llevaba irremisiblemente a la actual crisis. Nos tocó vivir esa época y, la verdad, el optimismo e incluso la soberbia de los economistas en función de gobierno era insultante. Lo sabían todo con una seguridad pasmosa y miraban con menosprecio a quienes auguraban lo peor, calificándolos como "conservadores" que se oponían a los cambios revolucionarios que operaba el mercado en la mayor parte de las sociedades del globo. Así destruyeron el capital político de sus partidos y sus líderes, muchos de ellos demócratas honestos pero sometidos a las rígidas recetas del modelo impuesto por el FMI y el Banco Mundial.

Recuerdo el desconcierto que sentí en esos días porque había estudiado una maestría en la UNAM, de México, y en ella nos enseñaban a criticar el sistema pero no hubo una sola línea sobre cómo hacerlo funcionar. En las esferas de gobierno regía la conducta contraria, y entonces mi bendita maestría no servía para nada, puesto que todos obedecían a ciegas las orientaciones de los economistas neoliberales que eran pronunciadas con un sentimiento de infalibilidad digno del Sumo Pontífice.

Cierto día recordé que me había tomado una foto con Fidel Castro en la Cumbre Iberoamericana de Madrid, no porque me reconociera, pues no debe saber nada de este llajtamasi, sino gracias a la habilidad de Tony Suárez, que disparó la cámara directo al blanco y sin apuntar, como los grandes campeones de tiro. Yo exhibía esa foto en mi bufete y se convirtió casi en una atracción turística, sobre todo por la buena fe de mis paisanos, que alguna vez confundieron a Fidel con el Che. ¡Si me hubiera sacado una foto con el Che probablemente ahora estaría muerto o en el exilio! Pues bien. Un economista de aquellos, con estudios de maestría y doctorado en los Estados Unidos, me miró con desprecio y me dijo que no se explicaba cómo alguien podía enorgullecerse de una foto con Fidel.

En fin, volvamos al economista Jorge Bernstein. Dice frases apocalípticas que, sin embargo, tienen un aterrador trasfondo de verdad. Veamos:

"No es sólo una crisis financiera sino también una crisis energética, alimentaria y ambiental."

"El capitalismo se fue convirtiendo en un sistema que destruye fuerzas productivas."

"En los próximos años va a haber menos energía, menos capacidad de producción industrial y menos alimentos por habitante."

"El desarrollo agrícola de avanzada ha llegado a un nivel tal de exacerbación de la productividad que está destruyendo la tierra, el recurso de base para la producción agrícola."

"Si se pone fin al negocio financiero muchas empresas supuestamente pertenecientes al mundo productivo deberán cerrar sus puertas."

"La sociedad de consumo en Estados Unidos y Europa sólo fue posible con la financiarización de los consumidores, que sirvió para amortiguar la crisis de sobreproducción.

¡Tremendo atolladero en el cual nos metió el neoliberalismo!