He viajado muchas veces, a una buena cantidad de países, pero siempre a trabajar. Nunca, que yo recuerde, pude tomarme una vacación paga y hace más de treinta años que no la tengo. Pero esta no es una queja, es apenas un repaso de algunas coincidencias felices, como las que me pasó un Día de Difuntos en París y un Primero de Mayo en Chicago.

El 1º de noviembre de 2008 me sorprendió en París, donde asistí a una Asamblea de la UNESCO. En algún momento me escapé para almorzar, y no encontré cosa mejor que acercarme a una feria de barrio para comprar un buen pan baguette, un queso delicioso y una botella de vino. La feria se había instalado frente al Cementerio de Montparnasse y decidí entrar allí con mi tapeque. La Alcaldía de París obsequia una guía de difuntos ilustres, pero realmente ilustres, que son un atractivo turístico. Allí están las tumbas de Jim Morrison, de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, de Marguerite Duras, de César Vallejo y una en la cual me quedé un buen rato para saborear mi almuerzo: la tumba de Cortázar, donde me tomé una foto que guardo como un tesoro.

En 1999 viajé a Chicago, gracias a una gestión del director de la Sinfónica Nacional, mi buen amigo David Handel. Él me presentó a la alcaldesa de entonces, que era una dama muy simpática y entrada en años, a quien yo no sabía decirle otra cosa que fragmentos de canciones, como: All you need is love, I can't stop lovin' you, Love is a many splendored thing y otras lindezas.

En algún momento le propuse que hermanáramos las ciudades de La Paz, donde yo vivía, y Chicago, y me preguntó por mis razones. Entonces le dije que los nombres de ambas ciudades tenían la misma raíz: Chicago y Chuquiago. Le encantó la broma y firmamos un acta de Brotherhood, de hermanamiento, coronada con una cena deliciosa. Guardo el testimonio como un momento feliz de mi vida.

La cosa es que David me buscó en la pieza del hotel para mostrarme la agenda correspondiente al Primero de Mayo, que constaba de actividades de 8 a 21. Le dije que me extrañaba trabajar en el Día del Trabajo, pues desde niño lo había festejado y cuántas veces había desfilado espontáneamente para honrar a los Mártires de Chicago. No podía ser cierto que no fuera feriado nada menos que en Chicago. Y entonces me desengañé, porque allí la Guerra Fría ha borrado la memoria de ese episodio que se conmemora en todo el mundo, excepto en los Estados Unidos. Hasta los 40 había un monumento a los Mártires, pero le ocurrieron tantos atentados que ¡lo metieron en prisión! En el centro de Chicago hay una torre sombría, sin ventanas, moderna, que es la cárcel, y en el patio interior está el célebre monumento.

Me acordé de las veces que, en el desfile del Primero de Mayo, no falta alguien que grite: ¡Gloria a los Mártires de Chicago! Pues bien, en Chicago el Primero de Mayo es un día cualquiera, y el Día del Trabajo se conmemora en noviembre.