Los vaticinios del ministro de Obras Públicas Óscar Coca sobre la desaparición de la universidad pública parecerían haber sido dichas por Erasto, el griego que pasó a la historia gracias a lo que se atrevió a destruir. Afortunadamente no son una posición oficial, pues la nueva Constitución dice que el Estado debe coordinar con la universidad pública para crear las universidades indígenas, cosa que celebramos poniendo todo el saber y la academia de la universidad pública al servicio de las nuevas instituciones.

La universidad pública existe desde 1832, y desde 1928 ha sido la vanguardia de las conquistas sociales en Bolivia. Sin la universidad pública no hubiera habido reforma agraria, voto universal, nacionalización de las minas, nacionalización del petróleo. En la universidad pública se inició y consolidó la lucha por la defensa de los recursos naturales y en todo momento fue una base de apoyo para el movimiento sindical y popular. Incluso fue un apoyo importante para el movimiento cocalero, pues al joven dirigente Evo Morales se lo veía visitar continuamente la Dirección de Interacción Social Universitaria / DISU cuando era pecado mencionar su nombre.

Por esos y otros motivos las dictaduras se ensañaron con la universidad pública, para eliminar los vigorosos focos de resistencia que sostuvieron representantes de todos sus gremios.

La universidad pública pagó su cuota de sangre en todas las luchas sociales y en la guerrilla del Che y la de Teoponte. En sus aulas y bajo la dirigencia estudiantil se formaron esos cuadros que murieron en combate o fusilados. No hay evento histórico en el cual la universidad pública no haya ocupado su puesto de combate.

El ministro Coca dice que se va a eliminar la universidad neoliberal. Eso lo estamos haciendo los tres gremios y en la tarea se destaca la Universidad de San Simón, donde ha estudiado y ha sido docente el ministro Coca. Hay que escuchar la palabra orientadora del rector Juan Ríos del Prado cuando explica a los estudiantes el porqué de la desconcentración de la universidad pública hacia las provincias: la universidad coadyuva sin querer a un mayor empobrecimiento del departamento, por dos razones.

La primera, porque sacamos a los jóvenes de las provincias sin asegurarles que van a regresar, provocando una depauperización del capital humano de las provincias, tal como se comprueba en la conurbación Quillacollo, Colcapirhua, Cercado, Sacaba, donde se concentra más del 60 por ciento de la población del Departamento, no obstante que físicamente no representa más allá del 30 por ciento de toda la superficie departamental. La conclusión es clara: la Universidad está extrayendo los recursos humanos de las provincias sin asegurar su retorno.

En segundo lugar, descapitalizamos a las provincias quitándoles los pocos ingresos económicos que generan con el excedente agropecuario, pues los padres deben transferir remesas a sus hijos para costear su estadía y estudios en la capital, no obstante que el excedente agropecuario es mínimo. Así la universidad está siendo cómplice involuntaria de esa descapitalización de recurso humanos y económicos de las provincias.

Estas son dos de las razones fundamentales para impulsar un proceso de desconcentración de grandes unidades académicas a la provincia.

Por estas y otras razones, habría que decirle fraternalmente al ministro Coca ¡Chinman chajway!