He visto un spot altamente simbólico: nos quieren quitar a Dios; votar por el NO es botar por Dios. ¡Vaya símbolo que escogieron! Pero apuntaron bien, porque los electores no votan por razonamientos, por argumentos, por estadísticas, sino por símbolos. Con la misma fuerza que ese Dios del spot, un Presidente indio es un símbolo, una Constitución es un símbolo, y la gente que vote Sí, lo va a hacer menos por el contenido de la Constitución que por apoyar al Presidente símbolo y a la Constitución símbolo.

Lo mismo ocurrió con los dos millones de asistentes a la proclamaciónde Obama y los millones y millones de telespectadores que no seperdieron su posesión: ellos no hacen cálculos sobre si retirarátropas de Irak o terminará con el bloqueo a Cuba o hará una políticade buen vecino con América Latina o ayudará a los millones de pobresde su propio país. Basta con que sea negro para concentrar en sí nosólo el símbolo que le otorga su negritud sino otros símbolos: AbrahamLincoln, Martin Luther King, John Kennedy.

Entiendo muy bien que los políticos de derecha alienten abiertamenteel No para el referéndum del 25 de enero, porque el Sí será sujubilación y carta de retiro; pero me pasma que los políticos deizquierda arguyan y redarguyan buscándole peros a la nuevaConstitución y, por supuesto, al Presidente indio. La mayor parte delos políticos de izquierda son gente que lee, que ha tenido formaciónprofesional y una inclinación natural por las ciencias sociales. Adiario reciben mensajes ideológicos y los analizan incluso con extremalucidez. Hay que ver cómo se lucen cuando hablan de la botella deCoca-Cola, de las modelos que exhiben la última crema de belleza o delas bellas muchachas que sueñan con ser reinas. No hay semiótico queles gane en sus juicios agudos cuando analizan esos símbolos, pero noentienden un carajo que Obama es ante todo eso, un símbolo, del mismomodo que Evo y la nueva Constitución son ante todo símbolos.

Recuerdo a un viejo movimientista que puteaba cuando Evo era undirigente sindical y luchaba a brazo partido contra el gobiernoneoliberal de Goni. Tuve que decirle que ellos habían peleado tambiénpor eso al luchar en la revolución del 52 y al exigir el votouniversal y la reforma agraria. Pero el viejo movimientista ya no seacordaba de eso. El síndrome es conocido: cuántos políticos deizquierda nos hablaron en el pasado de un país diverso, multiétnico,pluricultural, plurimulti (como se complacían en decir), y nospidieron que lucháramos por ese país para devolverle sus derechos.

Claro, ellos impulsaban esa lucha pero a condición de dirigirla ellos.

Cuando los movimientos sociales los avasallaron y aprendieron a hablarpor ellos mismos, con sus propios líderes, con sus propios símbolos,hay que ver cómo se enojan y retroceden y se indignan porque aquí yano hay democracia. ¡Habría que decirles si esto no es democracia, lademocracia dónde está!