Cada que paso por El Prado y veo el monumento a José Ballivián me indigna la afrenta de haberle erigido un monigote dorado, que parece vaciado en un molde de Alasitas, y sostenido por cuatro tubos de alcantarilla. Fue nuestro noveno Presidente y con méritos sobrados, pues luchó en la guerra de la Independencia bajo órdenes de José Miguel Lanza, estuvo en La Paz cuando llegó Sucre y consolidó nuestra independencia al derrotar al ejército peruano el 18 de noviembre de 1841 en la batalla de Ingavi, en la cual murió el Presidente peruano Agustín Gamarra.

Como estadista, Ballivián tuvo que enfrentar las represalias del Perú, que nos bloqueó la salida al Pacífico por Arica, el único puerto que entonces utilizábamos, pero eso lo empujó a fundar nuestra proyección hacia el Atlántico al fundar el Departamento del Beni, fortaleciendo la presencia del Estado boliviano en la red fluvial amazónica.

Los ballivianistas se caracterizaron por su apego a la ley y por haber recobrado la memoria del Mariscal Sucre, sobre la cual se trató de tender un manto de olvido en los diez años de gobierno de Andrés de Santa Cruz. Los ballivianistas tuvieron dirigentes de renombre, como José María Linares y Tomás Frías, entre otros, y el hijo del héroe de Ingavi, Adolfo Ballivián, también llegó a la Presidencia.

La batalla de Ingavi se debió a la invasión del ejército peruano al mando de Gamarra, quien ya había ocupado nuestro territorio para deponer al Mariscal Sucre. Ballivián enfrentó el problema a menos de dos meses de asumir el Mando, y salió airoso por la valentía, el tesón y la experiencia militar que había adquirido desde muy joven. Salió victorioso a los 36 años.

Murió en el exilio, en Río de Janeiro el 15 de octubre de 1852.

No obstante su origen ligado a la autoridad española en el Nuevo Mundo, manifestó muy temprano su simpatía por la causa de la Independencia.

Dice un testimonio de la época que a los 12 años fue obligado a servir en el Ejército realista que comandaba el Virrey La Serna, pero a los 17 años se alistó en las fuerzas del guerrillero José Miguel Lanza en la estancia de Yayipaya, cantón de Mohosa. El 17 de agosto de 1822 fue hecho prisionero en Colomi, remitido a la Fortaleza de Oruro y luego a La Paz, de donde se fugó a Tipuani, donde permaneció hasta la victoria de Ayacucho, y entonces se restituyó a su unidad luchando con José Miguel Lanza para arrojar de La Paz al general español Olañeta. Llevó pliegos de Lanza al Mariscal Sucre "a la ciudad de Puno donde lo encontró, mas el mariscal Sucre viéndolo un joven brillante, bien formado y de buena familia en la ciudad de La Paz, lo hizo capitán", y comandante del único cuerpo nacional de entonces. Lanza y Ballivián firmaron el Acta de la Independencia de Bolivia y secundaron con ejemplar lealtad la obra de gobierno del Mariscal Sucre, al extremo que Lanza murió durante el atentado al mariscal el 18 de abril de 1828.

Bolívar, Sucre y Santa Cruz eran la trinidad fundadora de Bolivia, pero quizá es justo añadir que Ballivián es el cuarto pilar que completa las bases sobre las cuales se consolidó nuestra existencia como República y el funcionamiento de nuestras instituciones. Realmente no me explico por qué no derribamos el monumento actual y hacemos una suscripción para erigir uno más digno del héroe.