La crisis financiera internacional desacelerará el crecimiento del PIB y disminuirá el valor de las exportaciones bolivianas en 2009, pero la economía nacional se encuentra en una posición sólida para enfrentar el fenómeno. Las Reservas Internacionales Netas con relación al PIB son las más altas de la región; y superan en 22 por ciento a todos los depósitos del sistema financiero, según el Banco Central de Bolivia (BCB).

Se considera que la actual crisis financiera es la peor desde la severa contracción económica de 1929-1935. Sin embargo, su naturaleza es diferente y las respuestas han sido distintas, por lo que el BCB estima que sus efectos serán menores que los observados en esa ocasión.

El mercado hipotecario de EE.UU. y el origen de la crisis

Según el Reporte de Inflación del BCB de octubre 2008, la crisis actual se caracteriza por la interacción entre el comportamiento del mercado de la vivienda y el mercado financiero vinculado a las hipotecas en EE.UU., así como por el desarrollo de nuevos instrumentos financieros asociados a estos mercados, que han propagado los riesgos a lo largo del sistema financiero global.

El mercado hipotecario de vivienda estadounidense fue impulsado por distintas instituciones financieras en las últimas décadas. Las de patrocinio gubernamental, como Fannie Mae y Freddie Mac, adquirieron hipotecas de bajo riesgo crediticio; en tanto que las entidades financieras privadas compraron hipotecas de riesgo crediticio intermedio y alto.

En este contexto, surgió el mercado de crédito hipotecario de alto riesgo denominado subprime, debido a las siguientes razones: los prestatarios tienen una baja capacidad de pago (alta proporción de la cuota respecto al total de ingresos), no se cuenta con información confiable y verificable sobre su actividad económica, y/o tienen un historial crediticio de incumplimiento. A este segmento se le posibilitó el acceso a la vivienda a cambio de pagar tasas de interés comparativamente más altas.

Desde comienzos de la presente década, el auge del mercado inmobiliario ocurrió en un entorno de alta liquidez y bajas tasas de interés, estas últimas como respuesta a la recesión que enfrentó la economía estadounidense en 2001.

Las favorables condiciones del mercado de la vivienda alentaron una creciente y sucesiva emisión de activos financieros negociables respaldados por hipotecas y otros vinculados a ellas, en un marco de baja supervisión de este segmento.

En la terminología financiera se denomina titularización al “empaquetamiento” de diferentes activos y su división posterior en diferentes tramos de riesgo y rentabilidad, cuyos pagos son garantizados por el activo subyacente, aquel con el que se inició la operación crediticia. Estos instrumentos, también denominados créditos estructurados, tuvieron una aceptación creciente entre los inversionistas de EE.UU. y Europa.

El mercado inmobiliario estadounidense comenzó a enfrentar dificultades a fines de

2005, por el aumento gradual de las tasas de interés. Esto derivó en crecientes índices de morosidad en los mercados hipotecarios subprime y de riesgo intermedio a partir de 2006, conduciendo a los inversionistas a revalorizar el riesgo de su cartera y tomar una actitud de “huida hacia la calidad”. Los inversionistas, los bancos de inversión y los bancos originadores de las hipotecas enfrentaron importantes necesidades de fondos para gestionar adecuadamente sus balances afectados.

Desde agosto de 2007, los mercados monetarios en Estados Unidos, Europa y otras plazas fueron sometidos a una fuerte tensión, ante la cual la Reserva Federal de Estados

Unidos (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) respondieron con fuertes inyecciones de liquidez, con nuevas facilidades crediticias y reducciones de las tasas de interés.

Pero la tensión no desapareció y las tasas de interés en los mercados monetarios y de deuda subieron respecto de las tasas de referencia del Tesoro norteamericano, reflejando una mayor percepción de riesgo.

Las condiciones financieras (tasas de interés) y no financieras (restricciones crediticias) se endurecieron en los mercados de crédito de Estados Unidos y Europa, incluso para prestatarios con bajo riesgo. A medida que la incertidumbre se generalizó a otros activos financieros (“efecto contagio”) y los bancos se vieron obligados a reconocer crecientes pérdidas por la desvalorización de activos (1), la aversión al riesgo en el ámbito financiero mundial cobró mayor fuerza.

Los mercados de valores de todo el mundo se deterioraron y mostraron mayor volatilidad, al igual que los mercados de divisas. El dólar se fortaleció en los últimos dos meses frente a la mayoría de las divisas “fuertes”, debido a la “huída hacia la calidad” de los inversionistas, especialmente por la compra de títulos del Tesoro norteamericano.

Contribuyeron a este movimiento la percepción de una mayor desaceleración de la economía europea, las expectativas de que las tasas de interés de la Zona del Euro disminuirían a mayor ritmo y el cambio hacia una posición neta vendedora de euros en el mercado de futuros por parte de los inversionistas.

Debido a la gravedad de la crisis, gobiernos y bancos centrales de las principales economías desarrolladas y emergentes están respondiendo con medidas más agresivas y en algunos casos haciendo un frente común: capitalización de los bancos, compra de activos en problemas, garantías de deudas bancarias, protección de depósitos, garantía de préstamos interbancarios, rebaja coordinada de tasas de interés, etc.

En América Latina, la turbulencia financiera se tradujo en una creciente aversión al riesgo: los mercados de valores cayeron abruptamente y los de divisas se hicieron más volátiles. El creciente diferencial entre las tasas de interés de política de los países latinoamericanos respecto a las tasas de Estados Unidos y la Zona del Euro no fue suficiente para contener la pérdida de valor de las divisas de la región, observándose una depreciación casi generalizada de las monedas.

El spread del Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI+) para América Latina aumentó al igual que en los mercados de Asia y Europa.

Efectos sobre la economía mundial

Debido a la desaceleración económica en Estados Unidos y al endurecimiento de las condiciones financieras mundiales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) en sus recientes reportes “World Economic Outlook” y “Perspectivas Económicas: Las Américas” proyectó que la economía mundial se desacelerará marcadamente entre 2008 y 2009.

Las economías avanzadas serían las más afectadas por su mayor vinculación con los mercados inmobiliarios y los mercados financieros asociados a las hipotecas de alto riesgo de EE.UU. Se pronostica también que los precios de las materias primas continuarán cayendo hasta fin de año, para estabilizarse en 2009.

América Latina ha resistido inicialmente la crisis gracias a la fortaleza de sus activos de reserva, la solidez financiera de sus bancos y la credibilidad de sus políticas macroeconómicas. Sin embargo, su actividad e ingresos serían afectados por la contracción de la demanda mundial, la caída de los precios internacionales de productos básicos, la mayor restricción crediticia en las economías avanzadas y el endurecimiento de las condiciones financieras.

Probables efectos sobre la economía boliviana

La economía boliviana se encuentra en una posición sólida para enfrentar la crisis en los mercados financieros internacionales, debido a la fortaleza de sus condiciones macroeconómicas y financieras observadas en los últimos años.

Las Reservas Internacionales Netas (RIN) con relación al PIB son las más altas de la región; y superan la totalidad de los depósitos del sistema financiero en 22%. Aún deduciendo del actual nivel de RIN las reservas de oro y las que son contraparte de las OMA‘s y de los depósitos del sector público, el nivel de reservas es el más alto de las últimas décadas, lo cual ayudará a enfrentar la crisis.

La posición financiera externa total es sólida. La economía pasó de ser deudora neta respecto al resto del mundo a fines de 2007 a ser acreedora neta a mediados del presente año. El saldo de RIN, en torno a $us7.800 millones en septiembre, y la menor deuda externa pública ($us2.313 millones) explican en gran parte esta solidez. Además, debe hacerse notar que las inversiones en el extranjero están concentradas en activos de bajo riesgo.

La deuda externa privada (7,3% del PIB) está conformada básicamente por préstamos de largo plazo, particularmente con organismos internacionales antes que con entidades afectadas por la crisis financiera.

Las instituciones financieras muestran saludables indicadores de liquidez, rentabilidad y solvencia. Además, la mayor bolivianización del sistema financiero está contribuyendo a mitigar el riesgo cambiario que enfrentarían los prestatarios. Asociado a este proceso, el BCB mejoró su capacidad de prestamista de última instancia frente a una eventual adversidad, por el nivel de RIN acumulado, así como por las reformas al encaje legal en moneda extranjera.

Pese a la solidez actual de la economía, la propagación de la crisis financiera internacional incidirá en el país a través del sector real, con una desaceleración de la tendencia creciente del PIB en 2009.

La caída en los precios internacionales de los productos básicos que se observó en las últimas semanas constituye la primera manifestación de las probables repercusiones de la crisis sobre la economía boliviana. Por esta razón, el valor de las exportaciones disminuiría en lo que resta del año y, con mayor probabilidad, en la próxima gestión.

En la medida que la crisis internacional afecte de manera severa y prolongada a los países con los cuales comercia activamente Bolivia, estos efectos adversos podrían expandirse a los sectores productivos nacionales vinculados a dicho comercio.

No obstante y a pesar de la gradual desaceleración mundial, la economía creció 6.5% durante el primer semestre de 2008, principalmente por la producción de hidrocarburos y minerales, sectores que están sujetos a contratos de largo plazo.

Las remesas del exterior a Bolivia podrían disminuir, pues en el primer semestre del año algo más de la mitad de ellas provino de países desarrollados, muchos de ellos proclives a sufrir los efectos de esta crisis. Aunque debe tomarse en cuenta que parte importante de las remesas provienen también de otras economías.

Además, los emigrantes bolivianos en países desarrollados no están concentrados en los sectores fuertemente afectados por la crisis internacional, como el rubro de la construcción. Por ejemplo, en España el 80% de los trabajadores bolivianos se encuentran en actividades económicas que no incluyen la construcción. (2)

Dada la poca integración del sector financiero boliviano con los mercados financieros internacionales, que se expresan en movimientos de capital asociados a préstamos externos (financieros y comerciales) antes que a capitales especulativos de corto plazo, el efecto de la crisis financiera internacional sería moderado. Además, desde 2005 los depósitos en el sistema financiero han crecido sostenidamente y no existen signos de desconfianza.

Notas

1. A septiembre 2008, las pérdidas de los bancos ascendieron a más de $us500 mil millones.

2. Construcción 20%; industria manufacturera 8%; actividades de los hogares 31%; hostelería 7%; comercio 7% y otros 26%.

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Reporte de inflación de octubre 2008, aprobado en sesión ordinaria del Directorio del BCB el 28 de octubre de 2008.