La pasada semana, nuestro amigo y colega Wilson García Mérida sufrió la agonía y muerte de Lidia Limachi, su compañera y madre de sus dos hijos. Pidió auxilio y no le llegó a tiempo, pues el viernes 31 de octubre tuvo unparo cardíaco y se fue de este mundo.

Numerosa gente le hizo llegar sus condolencias, entre ellos Coco Manto, con un lacónico y sentido:

"Resiste, compañero", la periodista Amalia Pando y el Padre Gregorio Iriarte, que envió un consuelo espiritual. Me sumo a ellos para decirle a Wilson que comparto su dolor y el de sus dos pequeños. No es ésta la mejor etapa en la vida de Wilson, sometido en especial a duras restricciones económicas queresiste con estoicismo. Él fue mi compañero de trabajo y uno de los cronistas más importantes de esta Villa, en particular por su obra "Un siglo en Cochabamba", que es una verdadera joya editorial. Hace unos días nos pidió detenernos en nuestras ajetreadas rutinas para dedicarle un instante en sus sentimientos, y hacer fuerza para que su compañera Lidia supere el duro trance en que se encontraba agonizando en Terapia Intensiva del Hospital Viedma. Wilson nos informó que aquella mañana Lidia había sufrido un paro cardiaco que la dejó en estado de coma. La emergencia los encontró sin recursos.

Wilson escribió una carta a Coco Manto que contiene una hermosa elegía de Lidia. Dice:

Jorge, hermano, gracias por el aliento. Con Lidia hemos estado resistiendo todo esto con el suficiente estoicismo y la necesaria dignidad. Y era ella siempre la más fuerte. No merecía esa muerte mi esposa querido hermano, tan estúpida, tan injusta. Era mi princesita aymara. Creo que mi esposa se fue de este mundo porque no era de él. Ella venía de un país utópico, el de sus ancestros, de su vigoroso linaje del señorío de los Limachis, de un pueblito chipaya cerca al Lago Poopó llamado Chucaracito, en la Provincia Saucarí de Oruro, donde el aymara que se habla es un puquina totalmente dequechuañizado, diferente al aymara de La Paz ; era un lugar, el de su origen, donde la inocencia y la virtud todavía reinan inmunes a la perversidad de nuestro mundo republicano y partidocrático. Vino sólo para enseñarme lo que me enseñó, y se fue, Jorge, en una partida absurda, cruel.Antes de morir me decía que se estaba preparando para traducir a su aymara puquina un hermoso cuentito de doña Gaby Vallejo llamado "Amor de Colibrí".Es poco el pago que le daré con mis penas querido hermano, es muy poco. No sabes lo que significa haber perdido de manera tan estúpida una joya semejante, rara, única, extraordinaria.

Sólo me queda el consuelo de saber que gentes buenas como tú existen todavía en este mundo para no sentirse uno tan solo ni desfallecer como quisiera.

Gracias querido Jorge, y por favor si lo ves al SubMarcos allá en ese bello país que es tu segunda patria, como la mía, salúdamelo a nombre de Lidia. Ella también era zapatista. Un abrazo, Wilson.