A veces uno se pregunta dónde quedan nuestros deseos en una sociedad que nos da puras sustituciones light, como el café sin cafeína, la cerveza sin alcohol, la malta sin grado alcohólico o la crema sin grasa. Cada vez tenemos más miedo de consumir de veras. Si pudiéramos comer un chicharrón sin colesterol o un jolke sin ácido úrico, tendríamos la conciencia tranquila, y entonces nos dejamos mamar en un restaurante vegetariano donde nos cobran por una sopa aguada y lentejas lo mismo que si nos sirvieran un lechón entero.

Hay una hipertrofia de ese enano acusador que todos tenemos dentro, que nos reprocha todos nuestros errores contra "lo que es correcto" y vive vigilándolos. Qué lejos está aquel demonio interior del cual hablaba Sócrates, que le reprochaba cuando iba a cometer algo malo, y que ahora se ha convertido en un robot o un chip interior del sistema. El superyo, que le llama Freud.

El superyo funciona tanto para estimular el goce como para prohibirlo. Así esa voz interior nos felicita cuando comemos lechuga sin aderezo rociándola con agua embotellada, y nos jode cuando cedemos a comer una papa frita o el cuerito del pollo, o peor aún, una cerveza, de suerte que lo que en Sócrates era una ética del Bien, hoy se convierte en una ética del Sistema.

Así el deseo "políticamente correcto" no es una proyección de nosotros, sino un conjunto de usos y comportamientos que nos mete el Sistema desde chiquitos. Tus pies son más libres con sandalias, pero alguien que aspira a ser ejecutivo, ¿cómo pues va a usar sandalias de fraile? Respiras mejor y no te sofocas si no usas corbata, ¿pero has visto a una persona socialmente respetable que no use traje y corbata? Puedes usar bicicleta para ir a tu trabajo e incluso sería beneficioso para tu salud, pero la gente te va a criticar si no tienes un buen coche. Puedes tomar una casita con jardín en Pacata o más lejos y te saldrá más barata, y más tranquila. Pero ¿qué va a decir tu jefe cuando lo invites a tu cumpleaños? Si gustas explícale a tu hijita de 15 años que no puedes pagarle el crucero por el Caribe porque ya gastas demasiado en las pensiones de su colegio, pero entonces ¿para qué le escogiste un colegio tan caro si sus compañeras la van a tener a menos por no ir en el crucero? Los compañeros de tu hijo bachiller ya están buscando las mejores universidades privadas, y algunos de ellos se van a ir al exterior. ¿Te animas a decirle a tu hijo que estudie nomás en la Universidad pública? Sabes que tiene carreras muy buenas, y que el plantel de profesores es el mismo para la universidad pública que para la privada, pero ¿qué van a pensar sus compañeros, los papás de su chica, los amigos que son socios del club? Te gustaría festejar tu cumpleaños con un pampaku o un enrollado de cerdo debidamente rociado con una chicha punateña, pero ¿te va a dejar hacer esa barbaridad tu mujer? ¿No la has visto que ya ha contratado una cena de espárragos, palmitos, volovanes y un delicado filet mignon? ¿No te has fijado en las botellas de whisky que ya ha comprado?