Los miopes que no saben reconocer sus propios intereses

Carlos Echazú Cortez

octubre 26, 2008Publicado el: 5 min. + -
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Con mucha precisión, un observador extranjero de la política boliviana sostenía que de todas las oligarquías latinoamericanas, la boliviana era la más cavernaria y miope. Evidentemente, contar la historia de los dos últimos años de esta oligarquía es contar la historia de los miopes que no saben reconocer sus propios intereses.

Esta reflexión surge ante la consideración de la impresionante demostración de fuerza exhibida por los movimientos sociales de Bolivia en la que ya es la histórica marcha por el referéndum constitucional. La vista aérea de las columnas interminables de marchistas perdiéndose en el horizonte del gigantesco altiplano hace palidecer al recuerdo de cualquier otra movilización en nuestra historia.

Este acontecimiento debería decirle a todo observador que la fuerza política existente en esos movimientos, aglutinados en torno a unas cuantas ideas básicas sobre el cambio y alrededor de un líder, Evo Morales, es ya arrolladora y que enfrentarse a ella es ir camino al despeñadero. Si se opta por intentar desprestigiarla diciendo que los campesinos estaban pagados o que ejercieron una presión antidemocrática sobre los parlamentarios es engañarse a sí mismo. Nadie puede tomar en serio que las centenas de miles de campesinos fueron pagados. Tampoco se puede pensar que exista una democracia ajena a ese mar de gente. Las dos ideas son..... estúpidas (discúlpeseme el término, no tengo intención de insultar, sino más bien de caracterizar).

Ahora bien, nadie puede sostener que esta acumulación de fuerzas fue algo repentino que no se podía predecir. Es más bien un largo proceso que viene desde las luchas de resistencia contra el modelo neoliberal, pasando por las heroicas jornadas de febrero y octubre de 2003 en las que se terminó de enterrar a aquel sistema. Lo que vemos ahora es una continuación de aquellas luchas pues supone el intento de estructurar una nueva sociedad.

Si esto es así, entonces la marcha histórica del movimiento popular boliviano hacia su liberación es imparable. No se trata de una consigna política, sino de una constatación a partir de los hechos. Esta marcha puede tener traspiés y enfrentarse a obstáculos, así como detenerse momentáneamente, pero es imparable.

Lo importante es que dependiendo de los obstáculos que se le ponga, la marcha obtendrá uno u otro matiz. Uno de esos matices -el que se impone ahora- es el liderazgo de Evo Morales con las características que ha presentado hasta ahora. Sin embargo, sería muy bueno que aquellos sectores recalcitrantes de la oposición que piensan que "Evo es muy radical", se imaginen que este proceso hubiera tenido otro líder. Que tal si pensamos en Felipe Quispe, el Mallku, por ejemplo. Seguramente, en la comparación, ya no pensarían que "Evo es tan radical". Eso de la supuesta "agresividad" de Evo la inventaron los medios de la oligarquía.

Así pues, el proceso puede tener otros matices y muchos de ellos podrían ser mucho más radicales de lo que se presenta con Evo como líder. Evo representa una versión moderada y pacífica del cambio. Pero si Evo fracasa vendrá necesariamente otra versión del cambio y con seguridad no será ni moderada, ni pacífica. Por estos motivos, a la oligarquía le conviene que Evo no fracase, por que Evo se constituye, por el momento, en un formidable muro de contención del desborde popular. Ahora naturalmente, el que Evo no fracase implica perder algo de sus privilegios, pero eso será siempre mejor (para ellos) que perderlo todo de modo violento.

Desde esta perspectiva, el interés de la oligarquía sería que la gestión gubernamental de Evo sea normal, sin los sobresaltos que hemos tenido y con una oposición moderada, de tal modo que los cambios que propone sean "suaves" en bien de sus intereses. Eso es lo que la oligarquía en Bolivia no ha sabido detectar, por eso su historia reciente es la de los miopes que no saben reconocer sus intereses.

Ahora bien, después de la gran marcha por el referéndum constitucional, la oligarquía y sus expresiones políticas, llámense comités cívicos y/o partidos tradicionales, están frente a la arrolladora fuerza de los movimientos sociales. Si cambian de actitud y encaran una oposición racional, pues seguramente podrán evitar el desborde popular. Si por el contrario, y contra sus propios intereses, se empecinan en que Evo fracase, desatarán la ira de ese movimiento. Después del gigantesco apoyo que los movimientos sociales mostraron a Evo, es difícil pensar que ellos cambien de líder. Sin embargo, esta circunstancia llevaría de todos modos a un cambio de escenario pues el presidente inevitablemente se radicalizaría.

Esto fue expresado por el mismo líder indígena hace unos días atrás cuando sostenía que el referéndum iba "por las buenas o por las malas". Los críticos miopes de la oposición se preocuparon simplemente por censurar el carácter supuestamente antidemocrático de dicha afirmación. No fueron capaces de detectar la ineludible realidad que está detrás de esa afirmación. Esto quiere decir, al mismo tiempo, que Evo es cada vez más conciente del rol que juega.

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