Hace unos meses comenté una exposición muy importante de la artista plástica Fiona Lovely en el mArtadero, y hoy quiero invitar a la nueva exposición que Fiona presenta desde este fin de semana también en el mArtadero.

Lo digo sin ambages: me fascina el mundo de Fiona. Una muestra de ese mundo son los ambientes del pub irlandés y restaurant Na Cúnna (Av. Salamanca casi esquina Lanza), que son una lección de cosas, pues esa yuxtaposición en cada rincón de los muros es como el mapa mental de Fiona, y también de Emma Ni Luchra, mis adorables amigas irlandesas.

Esta vez Fiona hurgó los depósitos de la Imprenta Cuenca, que está pronta a cumplir su primer centenario, pues hay noticia de ella en el Libro conmemorativo que se editó en 1925 por el gobierno de Bautista Saavedra en homenaje a su fundador, don Severo Cuenca. De esos depósitos tomó un inventario de objetos y les dio vida, es decir, los transformó en arte. Allí hay clips, chinches, grampas, letreros, almanaques, agendas de los años 50, calculadoras manuales, lámparas, sillones, sobres postales, tizas, canutos, fichas de ludo, números de bingo, fotografías y retratos en blanco y negro iluminados: cosas que don Hugo Cuenca conservó y dejó como un legado que no tiene valor comercial. Sin embargo, la mirada de Fiona propone un orden para estos objetos y los convierte en expresiones artísticas.

Roberto Valcárcel, uno de nuestros renombrados pintores, dice: "Cualquier cosa, objeto o hecho puede ser convertido en obra de arte. El ser obra de arte no es una cualidad intrínseca o específica de los objetos. El ser obra de arte es una función que se puede dar a cualquier objeto. La "artisticidad" es algo que se atribuye a las cosas, no es algo que ellas posean en sí. No tiene sentido preguntarse si algo es obra de arte o no. Lo interesante es preguntarse cuándo (en qué circunstancias, bajo qué condiciones y en qué contexto) un objeto o hecho funciona/opera como obra de arte y cuándo no."

Hay, por ejemplo, un certificado de asistencia a un taller literario que organizó el Centro Boliviano Americano en 1978 con las firmas del poeta Eduardo Mitre, del cuentista Roberto Laserna y de este servidor, que tan sólo por estar ahí se convierte en algo "físicamente metafísico", como diría Marx al hablar del fetichismo de las cosas convertidas en mercancías. Aquí no hay mercancías. Las cosas se muestran como son, no sólo en su ser sino como si bailaran un son. Las cosas resuellan, guiñan, convocan, alegran, incitan, viven en suma, y traman una red del tiempo muy curiosa, pues uno cruza el umbral de esa sala y está recorriendo 50 años atrás; uno sale de esa sala y retorna 50 años adelante; un efecto que Fiona, en su maravillosa búsqueda del resuello de las cosas, consiguió hurgando los depósitos de la Imprenta Cuenca.

Las cosas recuperadas, expuestas, nuevamente lozanas me revuelven los recuerdos. Después de ver la exposición de Fiona Lovely ya nunca más seré el mismo ¡Notable efecto estético y emocional que logra la artista con cosas aparentemente banales!