La democracia avanzó hasta límites insospechados gracias a la Internet, al You Tube, a los blogs y a los mensajes y filmaciones por celular. Gracias a esos instrumentos al margen de los poderosos, el ciudadano común no se deja embaucar por las cadenas transnacionales y maneja su propia información. Cuando el poder quiere manipular a la opinión pública, saltan de inmediato cientos de miles de ciudadanos que comunican lo suyo a redes muy extensas, y cada vez con mayor efectividad.

Esta actitud que congrega a los lectores frente a la computadora, para buscar los mensajes que recibieron, para ingresar a sus blogs favoritos o para enviar mensajes a cientos de destinatarios es un boom de la democracia universal, porque así los ciudadanos no se limitan a expresar su opinión en las urnas, sino cada día, a cualquier hora, sin límite de tiempo, en cualquier momento.

Son apreciaciones políticas. El sistema político está cambiando, y no sólo por el creciente poder de las cadenas de medios, sino por las redes alternativas, a través de las cuales los ciudadanos intercambian informaciones que al menos tienen una dosis mucho menor de manipulación.

Pero, hay otros campos en los cuales las redes alternativas actúan hoy con creciente éxito. Me refiero a la conservación del patrimonio tangible e intangible, a la protección contra los asesinos de árboles o de monumentos públicos. No hay que pensar que los temas referidos al patrimonio cultural y en especial a la preservación arquitectónica y paisajística son cuestiones limitadas a vecinos nostálgicos o a especialistas alejados de la realidad cotidiana. Hoy, a los vecinos hay que escucharlos todos los días y más cuando se trata de obras de gran envergadura y dudosa legalidad, que ponen en riesgo la calidad de vida de un barrio o la estética de la ciudad.

Siguiendo ese ejemplo, quisiera apuntar dos observaciones: la primera, referida al monumento a José Ballivián, y la segunda, a los tubos que rompen la estructura colonial de la plazuela del Granado.

En el primer caso, no entiendo cómo podemos honrar la memoria de uno de nuestros más grandes héroes con un monigote dorado y, lo peor, con cuatro columnas ficticias que son ¡tubos de alcantarilla! ¿Cómo, si la avenida se llama Ballivián, en homenaje al héroe de Ingavi, le vamos a hacer esa afrenta?

El segundo caso no es menos patético: la plazuela Granado tiene un aire andaluz, que ya se ha perdido en esta ciudad de perpetuo presente. Pues viene alguien a construir cinco o seis chimeneas de altos hornos que rompen desastrosamente la armonía de ese rincón colonial. ¿Con qué las construyeron? ¡Con anillas de alcantarilla!

Este mensaje será también transmitido por Internet e invitaré a los vecinos enviando mensajes a sus celulares, a ver si reaccionan y representan ante la Alcaldía contra estas dos obras antiestéticas, absurdas y sobre todo feísimas, que ofenden la vista de la gente.