El neoliberalismo quiso meternos una verdad sin discusión: ya se sabe que el Estado es un mal administrador. En contraste habría que preguntarse qué tan buen administrador es el Mercado, pues en tres décadas de hegemonía, los agentes mercantiles y de finanzas sólo fabricaron la peor crisis mundial
desde el crack de 1929.

La afirmación no es un eco de lo que dice Hugo Chávez o Evo Morales; simplemente repite los duros reproches que hacen los periodistas occidentales contra sus banqueros. El periodista inglés Mark Steel, publicó en el diario inglés The Independent un comentario titulado "Financistas en ruinas piden el socorro público" (17 de septiembre).

Steel dice: "Hemos tenido treinta años de banqueros y financistas insondablemente ricos que eran justificados como parte del libre mercado. De manera que se jactaban: "Acabo de recibir mis dividendos del verano y gasté parte de ellos en una pequeña nación africana que incendié para divertirme", o iban a restaurantes que cobraban mil libras por comidas tales como espárragos hervidos en lágrimas de pandas o compraban automóviles que funcionaban con diamantes líquidos y todo eso era una prueba de que vivíamos en una sociedad libre en la que nos pagaban lo que valíamos y no podíamos confiar en dávidas del Estado. Luego cuando la mentira se cae a pedazos, van directamente al gobierno chillando: "Una dádiva del Estado, por favor, nuestro banco ha quebrado".

Son como estudiantes malcriados que buscan a sus padres para que les den más dinero porque han gastado la suma del año en una semana. Pero este gobierno sensiblero (el gobierno inglés) dirá: "Ya recibieron cincuenta mil millones de libras, ¿qué han hecho con ellas? Bueno, está bien, acá hay otros cincuenta mil millones que estábamos reservando para aparatos de diálisis, pero esta vez tengan cuidado".

El neoliberalismo fue un invento sumamente ingenioso del capitalismo: unos cuantos que crearon esta mentira se hicieron inmensamente ricos, mientras los políticos y economistas neoliberales jamás escucharon a los cientos de analistas que dijeron que el neoliberalismo iba a acabar en esta crisis.

Steel dice: "No pueden seguir gastando más de lo que ganan. No podemos permitir que aquellos que no se pueden sostener por sí solos vivan a costa del Estado".

En los Estados Unidos, el Presidente Bush pidió al Congreso un soporte financiero de un billón de dólares para la banca privada estadunidense que representa tres veces el PIB de Argentina (350.000 millones de dólares, ¡y cuántas veces más nuestro PIB!). ¿Pero quiénes pagarán la ayuda? ¡Los contribuyentes! ¡Entre ellos, 2 millones de personas que no pudieron pagar sus hipotecas por la crisis y perdieron las viviendas que compraron! El nuevo paquete será financiado con la emisión de títulos del Tesoro que adquirirán los inversores del Planeta, convertidos en acreedores del Tesoro norteamericano.

Alfredo Zaiat, del diario argentino Página 12, habla de "la caída del Muro de Wall Street", anunciando las mismas consecuencias devastadoras para las economías capitalistas que tuvo la caída del Muro de Berlín para las economías socialistas.

Zaiat dice: "Esta semana el mundo ha empezado a vivir un acontecimiento histórico similar a partir de la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y la compañía de seguros AIG: la caída del Muro de Wall Street.

"Los golpes que van destrozando cada uno de esos ladrillos son el símbolo del fin de una época y el comienzo de una era hoy desconocida. Fueron casi 40 años de mercados financieros cada vez más desregulados, con entes de control públicos colonizados por los banqueros, libre movimiento de capitales especulativos y desarrollo de sofisticados instrumentos financieros que intensificaron el frenesí del casino global. Los gobiernos perdieron el control del sector financiero de la economía. Los dueños de las entidades, ejecutivos, analistas y operadores de esos mercados percibían ingresos obscenos, constituyéndose en una casta privilegiada durante estos años de dominio del mundo financiero sobre la economía real. Semejante poder terminó condicionando a las autoridades democráticas definiendo la lógica de funcionamiento general de las potencias, como en Gran Bretaña, donde la "industria financiera" representa el 30 por ciento de su economía.

"La caída del Muro de Wall Street provocará un perturbador conflicto existencial a esos protagonistas parecido al vivido por los militantes comunistas con el hundimiento de la URSS. Ese mundo del dinero fácil, ideas del liberalismo mágico, estilo de vida, teorías y postulados se ha pulverizado. Se han quedado sin un faro en la vida. Serán patrullas perdidas del sistema capitalista con predominio de las finanzas que está acabado."

Zaiat señala a los analistas neoliberales que pululan en los medios y que tienen intervenciones cada vez más patéticas: "Sus ideas presentadas como verdades absolutas durante décadas en relación con la concepción celestial del mercado libre, de la administración del riesgo, de la dispersión del capital y eficiencia de la actividad financiera son un fiasco a nivelglobal. Hasta se quedaron sin el argumento final de su fundamentalismo acerca de que eran los agentes sociales (políticos, sindicatos) la razón de la debilidad permanente de la economía. El estallido se ha producido en el corazón del capitalismo financiero y la respuesta desesperada del líder extremista del laisser faire fue una intervención impresionante del Estado."

Al hablar del origen de la crisis, Zaiat dice que su raíz "se remonta a comienzos de la década del setenta. El mundo de las finanzas internacionales comenzó a cambiar a partir del 15 de agosto de 1971. Ese día el presidente republicano Richard Nixon ordenó suspender la compraventa de oro decretando la inconvertibilidad del dólar con ese metal precioso, con el objetivo de poder emitir sin restricciones para cubrir sus desequilibrios externos, al tiempo de intentar la defensa del dólar como moneda internacional, como explicó Susanne de Brunhoff en su didáctico libro La política monetaria, publicado en 1973. Ese fue el inicio del final del sistema que desde la Segunda Guerra Mundial los países desarrollados habían utilizado para administrar las finanzas y el comercio global (Bretton Woods). Uno de los aspectos fundamentales de ese esquema era que la relación entre las paridades cambiarias de esas naciones estaba fija en dólares, y que el valor del dólar estaba respaldado por el oro a una cotización -garantizada por el Tesoro de Estados Unidos- de 35 dólares la onza. Esto provocó el descalabro del mercado de cambios y luego de intentar sin éxito volver a definir tipos de cambio fijos, en julio de 1972 se permitió que la libra esterlina flotara contra el dólar y luego le siguieron Japón con el yen y el resto de las potencias europeas con sus respectivas monedas. Antes de esa medida de Nixon, el tipo de cambio fijo estaba defendido por fuertes controles del flujo de capital entre países, y también estaban muy controlados los mercados financieros domésticos.

"La inconvertibilidad del dólar fue la puerta que se abrió para desregular los flujos internacionales de capital debido a la necesidad que tenían las empresas y bancos de cubrirse por las fluctuaciones de las tasas de cambio de las monedas. Fue el mordisco a la manzana del pecado. Las firmas que negociaban en los mercados extranjeros presionaban para poder diversificarsu cartera de activos para reducir riesgos. La idea era que tenían que operar en divisas y activos financieros en transacciones inmediatas y a futuro en función de la percepción del riesgo que implicaba la fluctuación de los tipos de cambio. Desde entonces se empezó a desarrollar en forma vertiginosa la "industria financiera", con la creación de instrumentossofisticados que requerían una cada vez mayor desregulación de los mercados, apertura de los sistemas bancarios y liberación al movimiento de capitales.

Se fue construyendo así el casino global donde la administración del riesgo fue transferida desde el Estado al sector privado. Esa liberalización internacional ha exacerbado la volatilidad del mercado y aumentadoenormemente el peligro de contagio. Es lo que se vivió en la región durante la década del noventa y, por fortuna, mal que le pese a la secta de brujos nativos, el tránsito a contramano del Consenso de Washington les permite a esos países tener mejores defensas para enfrentar el actual crac de EstadosUnidos y Europa.

"Ese orden financiero global ha estallado con la burbuja inmobiliaria y los créditos "subprime" en Estados Unidos, activos que alcanzaron el estadio final de la sofisticación de instrumentos financieros desregulados."

¿Qué vendrá ahora? Zaiat dice: "Ya nada será igual, aunque todavía no se vislumbra el modelo que lo sustituirá. Otra forma de regulación del sistema capitalista emergerá luego de la caída del Muro de Wall Street… fundamentalmente porque el eje del poder hegemónico global pasará a estar compartido con nuevas potencias en crecimiento."