La infamia no tiene límite

Carlos Echazú Cortez

septiembre 18, 2008Publicado el: 4 min. + -

Ya los medios de comunicación y sus "comunicadores" nos habían mostrado, a lo largo de muchos años, que no tenían escrúpulos para distorsionar los hechos, con tal de que los intereses de sus patrones y las clases empresariales sean promovidos sistemáticamente. Si bien antes del encumbramiento de Evo Morales como presidente de la república, esto se expresaba nítidamente en la campaña de desprestigio contra los movimientos sindicales, y populares en general, todavía había algo de apariencia de pluralidad. De vez en cuando se permitían criticar a los gobiernos de turno, especialmente cuando podían ganar audiencias con su periodismo amarillista.

Su carácter plenamente subordinado a los intereses de la empresa privada (lo que no es extraño, dado que son parte de ella) se mostró de un modo vulgar cuando el gobierno del primer presidente indígena de América inició su gestión. La campaña sistemática para desprestigiarlo fue armándose meticulosamente, pretendiendo defender una Democracia supuestamente amenazada por el nuevo gobierno. En ese intento cayeron varias veces en el ridículo más aberrante, por ejemplo, cuando acusaron de dictador al presidente por "imponer" un referéndum revocatorio.

Así pues, jamás hubo ninguna convicción democrática en los medios, como pretenden hacer creer al público. Eso se mostró muy claramente cuando estalló aquél explosivo en el canal Unitel de Yacuiba, y los supuestos comunicadores marcharon en defensa de la libertad de expresión, pero no dijeron ni un ápice cuando los fascistas saquearon el canal 7 en Santa Cruz, sólo unas cuantas semanas después de su manifestación.

Ahora bien, todo esto es por demás conocido para cualquier observador honesto de la política boliviana. Los medios, siendo parte de la empresa privada, defenderán pues sus intereses. Y en principio, no hay nada de malo en que uno defienda sus intereses, siempre y cuando esos intereses sean legítimos y se proclame públicamente que así se lo está haciendo. Lo ilegítimo del hecho es que se pretende embaucar a la población fingiendo una objetividad e imparcialidad que no se la tiene y detrás de esas posturas se oculta la defensa de intereses por demás obscuros (los intereses de los terratenientes, por ejemplo).

Pero bien, nosotros, los incautos, habíamos pensado que después de todo, esos comunicadores eran seres humanos, necesitados de una fuente de sustento, y que para mantenerla, habían tenido que vender su conciencia. Al final y con ese razonamiento en mente, daban pena esos señores.

Sin embargo, ahora nos damos cuenta que nos engañábamos a nosotros mismos cuando pensábamos tan generosamente sobre ellos. La verdad es que difícilmente pueden ser caracterizados como seres humanos cuando se comprende lo que pretenden hacer ahora. Lo cierto es que cualquier ser humano se desgarra de dolor cuando escucha los testimonios de los sobrevivientes de la masacre de El Porvenir. Humildes campesinos, con un nudo en la garganta aguantando el llanto, cuentan como los sicarios del genocida Leopoldo Fernández, emboscaron a los campesinos y luego cazaron a hombres, mujeres y niños como si fueran animales, por medio del monte. También cuentan que los torturaron antes de asesinarlos, que privaron de auxilio a los heridos, que los echaron de los hospitales cuando algunos llegaron a ellos, que la policía los apresó y tantas otras barbaridades. Ante semejante atrocidad, cualquier ser humano no puede menos que sentirse consternado. Pero, estúpidos de nosotros esperando ver seres humanos en los "comunicadores" que tenemos. Siguiendo la infame línea de sus patrones, dicen que "todo es un Show que armó el gobierno". No les importa en absoluto que los hechos les digan que evidentemente ocurrió la masacre, pues ahí están los cuerpos de los muertos y los sobrevivientes denunciándolo. Ellos prefieren pedir una "Investigación" con la certeza de que en Bolivia, el ministerio público que nos llevó al primer lugar de la corrupción, haga lo que hacen siempre las "comisiones de investigación", es decir, ocultar los hechos. La Infamia no tiene límite.

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