Página 12, de Buenos Aires, exhibe un documental en You Tube sobre la plataforma petrolera de Brasil en contraposición con la crisis energética de Argentina. Se pregunta por qué Brasil pudo llegar a convertirse en una potencia energética mientras la Argentina, que nació al siglo XX como un país petrolero, hoy tiene que buscar gas donde pueda, mirando con ansias las reservas gasíferas de Bolivia.

En efecto, Argentina fue pionera en el autoabastecimiento de energía. La historia oficial tiene 101 años, pues arranca en 1907, con los primeros esfuerzos exploratorios. En 1922 se fundó YPF, una empresa estatal modelo en el mundo, pues sólo otros siete países a escala mundial tenían esa infraestructura. A ello hay que añadir la acertada política del peronismo entre los años 50 y 60, que permitió un acelerado desarrollo tecnológico y de certificación de reservas, a las cuales la presidencia de Arturo Frondizi le dio el empuje final.

¿Pero qué pasó luego? Primero, que el Estado argentino no tenía recursos para enfrentar otros costos de la crisis y comenzó a ceder sus reservas hidrocarburíferas al capital extranjero. Esa política llegó al colmo de la enajenación bajo la presidencia de Carlos Menem, que pignoró YPF, a tal punto que hoy el documentalista afirma: "Nos la fumamos, porque hay que decirlo así: en la década del 90 y seamos honestos, financiamos gastos corrientes."

¡Qué paralelo triste con lo que ocurrió en Bolivia! Primero, convertimos a la empresa floreciente YPFB creada a fines de los 30 en la gallina de los huevos de oro, cuyas ganancias servían para financiar los gastos corrientes del TGN, y luego, el movimientismo que en un inicio fortaleció a la empresa del petróleo se encargó de hacerla desaparecer en la era de la capitalización.

Brasil, en cambio, fue un país escrupuloso con este recurso estratégico. Aun en tiempos de dictadura, la dirigencia nacional mantuvo ciertos intereses nacionales claramente definidos y los sigue manteniendo como una política invariable de Estado en casi un siglo.

Cuando se fundó PETROBRAS, de inmediato se convirtió en una empresa estratégica respetada por el Estado brasilero aun en sus peores contingencias dictatoriales. Jamás se le ocurrió al Brasil pignorar su riqueza hidrocarburífera. Por eso hoy tiene 70 plataformas petroleras marítimas, cada una de ellas con un costo de 700 millones de dólares, las cuales unidas a los 30 campos petrolíferos en el interior del Continente suman 100 plataformas de un valor incalculable.

El documentalista argentino concluye: "Hay que reconocer que YPF fue una empresa maltratada por los argentinos, a diferencia de PETROBRAS que siempre fue respetada por los brasileros. En Argentina, se politizaban los precios y se inflaban los costos; así no se pudo enfrentar nuevos desafíos exploratorios."

Los comentaristas agoreros juran que Brasil acaba de encontrar esas reservas que lo incorporarán entre los diez países petroleros del mundo debido a que Bolivia no ha podido honrar sus compromisos de venta de gas. Incluso le atribuyen a Lula haber dicho que gracias a Bolivia y al actual gobierno el Brasil ha consolidado su plataforma petrolera. Pero este es el resultado de casi un siglo de defensa de los recursos naturales y de fortalecimiento de su empresa estatal del petróleo. ¡Valiosa lección para prevenirse contra los detractores de nuestra recientemente fortalecida empresa YPFB!