Las tiras cómicas "Sin palabras", es decir, limitadas a la elocuencia del dibujo, suelen ser las más ingeniosas. En ellas el artista rescata formas de comunicación muy antiguas que fueron sustituidas por las palabras. Lo mismo ocurre con la fotografía que congela un fragmento de la realidad y suele ser más elocuente que todo un reportaje o un libro. A veces los desastres de un tsunami, de un terremoto, de una conmoción social se difunden mejor con una fotografía buena que con mil palabras, según la vieja defensa de la imagen.

Antes de las palabras, los seres humanos debieron recurrir a los gestos. Es curiosa la vitalidad de los gestos, porque la comunicación no se limita al intercambio de palabras, sino que éstas van acompañadas de ademanes que parecen obedecer a un código planetario. Por ejemplo, el ademán de pedir alimento, el dedo índice en la sien que alude a la locura; el índice en los labios, que pide silencio; los gestos que reemplazan a un beso volado; el guiño como signo de complicidad; el dedo índice girando para anunciar un retorno; el pulgar elevado para indicar algo positivo; el pulgar abajo para ordenar la muerte de alguien; los dedos de las manos e incluso de los pies para contar, pues incluso el francés cuenta de veinte en veinte, es decir, dedos de manos y de pies; cejas bajas y ceñidas, expresión de gente de baja estofa; cejas altas, propias de la aristocracia high brow; en fin, gestos de desdén, de triunfo, de astucia, de disimulo…

De los gestos nacieron los jeroglifos, y una versión esquemática de ellos conformó el alfabeto.

Los expertos estiman que la primera forma de comunicación fue una forma de telepatía, ese flujo adánico que permitía entenderse sin necesidad de gestos ni de palabras, con sólo el poder de la mente; facultad que al parecer pervive en los animales: las aves que emigran, las hormigas, las abejas… El gran escritor mexicano Alfonso Reyes dice que, lejos de ser antecedente de la comunicación actual, la telepatía debería ser aspiración del género humano. En efecto, la telepatía quizá neutralizaría de algún modo la manipulación de los medios.

No hemos hablado de los gestos soeces, tan frecuentes en la comunicación, como el corte de mangas, la higa o el dedo medio extendido. Santa Teresa cuenta que alguna vez controló al demonio que la tentaba haciéndole una higa, es decir, metiendo el pulgar entre los dedos índice y medio y exhibiendo el puño.

Las manos son poderosos auxiliares de la comunicación e incluso los hombros femeninos, pues las mujeres los utilizan como medio de seducción. Mientras el macho tiene los hombros rígidos, la mujer confía en el movimiento de sus hombros para obtener lo que quiere.

Los gestos son usualmente atávicos. Dicen que hay pueblos que mueven la cabeza al revés que nosotros para expresar un sí o un no. El apretón de manos es un signo característico de dos caballeros amistosos que se encuentran; significa que ninguno de ellos ha echado mano a la espada y por eso extiende la mano franca. En fin, el saludo militar con la mano extendida llevada a la sien es una forma del gesto del caballero que eleva la visera del yelmo y descubre el rostro frente a un igual.