El referéndum revocatorio

Ramón Rocha Monroy

mayo 12, 2008Publicado el: 3 min. + -

La noche del jueves, cuando se anunció el mensaje del Presidente Evo Morales, crucé los dedos para que no se echara atrás: el Senado había aprobado casi por unanimidad y en tiempo récord el proyecto de ley de referéndum revocatorio que el propio Presidente había enviado, y entonces hubiera sido impropio que se corriera. ¡Pero no lo hizo! Creo que fue un buen momento de su carrera política, pues apunta a su convicción más clara, que es la extensión horizontal lo más amplia posible de la democracia. Una vez que se celebre dicho referéndum, seremos probablemente el único país en el mundo que incorpora a su vida política una institución tan avanzada, pero tan peligrosa para la estabilidad de los gobiernos, sean nacionales o departamentales.

La aceptación del desafío se da cuando Evo Morales roza las astas del toro autonomista. No lo hizo sobre seguro, sino en el ruedo, y ese es un punto a su favor, aunque es también digna la actitud de los Prefectos, que van a poner en riesgo similar la continuidad en sus cargos.

Escuché en Radio Panamericana que dos Prefecturas se ubican en un riesgo mayor: las de La Paz y de Cochabamba. Debido a la centralidad de la llajta en el tablero de la disputa política, la Prefectura es un botín preciado para el gobierno y la oposición. Cuánto no quisiera la Media Luna incorporar a Cochabamba en el movimiento autonomista, y cuánto celo pone el gobierno en preservar esta plaza. Por esta razón hemos insistido en la neutralidad de Cochabamba como capital geopolítica de la nación, pues con su peso regional debe convertirse en el eje del nuevo país autonómico. Aquí la disputa tendrá los contornos de un clásico de fútbol. Entretanto, el Prefecto de La Paz vive cercado por el poderoso movimiento social de El Alto, en general afín al gobierno. Que se quede en el cargo no me atrevería a adivinar ni en coca. Pero ha hecho declaraciones optimistas y ha vertido una verdad: que de una vez se defina la hegemonía en ese departamento tan convulsionado.

Un buen amigo me envió desde Santa Cruz una pregunta inquietante para el movimiento autonomista: ¿Dónde quedó el cabildo del millón? La pregunta alude a la votación cruceña por las autonomías, que representa el 50% de ese cabildo. ¿Será que el otro 50% se desplazó contra las autonomías? Esta pregunta nos remite a la certeza cada vez mayor de que la disputa no se ha definido aún y que el empate histórico pide a gritos diálogo y concertación.

Habrá pues referéndum revocatorio, pero es necesario que nos preguntemos cuánto afectará esta nueva institución a la estabilidad de los gobiernos. Como estamos acostumbrados a recolectar firmas para desestabilizar, no será raro que nadie en el Ejecutivo ni en las Prefecturas gobierne tranquilo con la amenaza de la revocatoria desde el inicio de su mandato. Al menos se debería reglamentar que la revocatoria no pueda producirse sino en la segunda mitad o en el último tercio de cada gestión.

En puridad, la duración del período que antes era de 4 y ahora de 5 años, es una verdadera revocatoria que garantiza al menos 4 o 5 años de estabilidad. Pero con la nueva institución del referéndum, corremos el riesgo de abrir una nueva Caja de Pandora. ¡Con lo afectos que somos los bolivianos al bochinche! De eso se quejaba más que nada Bolívar: del bochinche, el puro desorden que destruye y no construye nada..

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