Aceptar y respetar al otro

Ramón Rocha Monroy

mayo 8, 2008Publicado el: 3 min. + -

La psicóloga tarijeña Carmen Romero, mi maestra en la terapia de constelaciones familiares, me envió una nota muy atinada sobre el enfrentamiento que vivimos actualmente, que se remonta siglos y desde el 11 de enero "ya no podemos ocultar ni disfrazar". Dice Carmencita:

"Este gran conflicto surge de dos conciencias distintas, de dos modos de mirar la vida. Surge de deudas ancestrales, de despojos y reivindicaciones y de una gran necesidad y fuerza que nos lleva a equilibrar lo que está en desequilibrio.

"Detrás de todo gran conflicto se encuentra la necesidad de sobrevivir y esto va acompañado de un deseo de aniquilar y "retirar" lo que se opone a esta primera gran necesidad de sobrevivir. Ambas partes desean aniquilar a la otra para "ganar" o sobrevivir al otro; ambos se creen mejores y están apoyados en una tranquilidad de conciencia que le hace pensar que su posición es la mejor y la correcta en desmedro del otro que es mirado como el malo, el provocador… el extraño que piensa o actúa distinto a mí, por lo tanto no es de mi "grupo" y merece ser retirado o vencido.

"Como humanidad, ¿en qué nos beneficia resolver las cosas aniquilando al otro? ¿Qué logramos realmente después de vencer al otro, ya sea con una guerra, exterminando, esclavizando o subyugando al otro? ¿Cuánto tiempo nos dura esta euforia? ¿Y qué estamos dispuestos a hacer para preservarla?

"Nuestro cuerpo, la sociedad, el mundo, el universo está en permanente movimiento, nada queda quieto, y lo que consideramos un logro tiene solamente un tiempo de duración para luego cambiar a otra cosa pues las fuerzas opositoras permanentemente buscarán emerger. Y así, a lo largo de la historia, los humanos no logramos visualizar soluciones más grandes y permanentes que lo que dura nuestro pequeño instante de vida. Nuestra mirada individualista y desconectada del todo nos hace pensar en pequeñas e inmediatas conquistas que perpetúan el malestar y las diferencias, porque así como todo se mueve, todo acto tiene consecuencias y éstas actúan más allá de nosotros y nuestro periodo de vida.

"El individualismo, la desconexión con el todo, nos hace pensar que somos responsables solamente de nuestra vida, en el tiempo que nos toca vivir, y no nos deja ver que somos producto tanto de nuestros ancestros como de una larga historia vivida a nivel grupal, desde donde adquirimos deudas y responsabilidades y sufrimos consecuencias por el mal manejo anterior.

"¿Cómo hacer para tomar conciencia de que los pasos dados hoy tendrán una repercusión mañana, en nuestros hijos, en la sociedad, en la madre tierra? ¿Cómo hacemos para comprender que somos un solo cuerpo, una sola especie, que cuando hiero al otro me hiero a mí? ¿Que cuando tomo venganza, otro vengará a mi víctima? ¿Cómo hacer para mirar al otro como igual? ¿Cómo puedo evitar el deseo de aniquilar?

"La paz, la gran paz, empieza en el alma, en el corazón de cada uno cuando puede incluir lo que antes estaba excluido, cuando puede mirar al otro con las mismas necesidades, miedos y anhelos, cuando juntos podemos dolernos por las muertes, las pérdidas, la historia común heredada. Es el gran reto y el verdadero conflicto: ¿Puedo sentirme parte de un todo e incluir al otro como igual a mí?"

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