(PL).- La alarmante escalada en los precios de los alimentos fue la preocupación general en el escenario económico financiero esta semana, en la cual las cotizaciones del petróleo establecieron nuevas marcas al alza.

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, alertó que la crisis creada por ese encarecimiento podría significar un retroceso de varios años en el compromiso de reducir a la mitad el hambre en el mundo para 2025.

El titular de la ONU citó datos del Banco Mundial según los cuales la crisis alimentaria, iniciada hace tres años, podría sumergir en la miseria a unos 100 millones de personas en países de bajos ingresos.

José Luís Machinea, secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), aseguró que el alza de los precios de los alimentos castiga especialmente a los más pobres.

Precisó que los precios internacionales de los alimentos “están castigando con especial dureza a los sectores más pobres de América Latina y el Caribe, generando un impacto distributivo regresivo”.

El máximo directivo de la CEPAL, con sede en esta capital, distribuyó una declaración alertando sobre el aumento de la pobreza y la indigencia, si no se toman medidas urgentes para aminorar los efectos de las alzas de los alimentos.

Tras indicar que el fenómeno se manifiesta desde hace varios años, subraya que se ha acelerado en los últimos doce meses. Desde el 2006, los índices de precios al consumidor de alimentos se han acelerado en la mayoría de las economías de la región, registrando un ritmo anual que oscila entre 6 y 20 por ciento (con un promedio cercano al 15 por ciento).

La CEPAL estima que un incremento del 15 por ciento en los precios eleva la incidencia de indigencia en casi tres puntos: de 12.7 a 15.9 por ciento, lo que provocaría que 15,7 millones más de latinoamericanos caigan en la indigencia.

En el caso de la pobreza, los aumentos son parecidos ya que la misma cantidad de personas pasaría a ser pobre. Esto, aclaró, sin contar con el agravamiento de la situación social de las personas que previo a estos aumentos ya vivían en la pobreza e indigencia.

Machinea dijo que el panorama se complica aún más por los efectos de los incrementos que están experimentando los combustibles que impactan las tarifas del transporte y de varios servicios públicos.

Como los altos precios de los alimentos “vinieron para quedarse” y no parecen obedecer a una situación transitoria, recomendó varias medidas, especialmente que se disminuyan las alzas de los precios en los mercados internos y/o mejoren los ingresos de la población.

Para ello, estima necesario un aporte excepcional proveniente de los países desarrollados y, en cierta medida, de los países de ingreso medio, que son exportadores netos de alimentos, a programas y organismos, como el PMA de Naciones Unidas.

Por su parte, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) reveló que el costo de la canasta básica para una familia promedio en América Latina se elevó 45 por ciento en los nueve meses últimos.

Hay tres rubros, según las estadísticas del ente, que reflejan claramente el encarecimiento el año pasado: los cereales, con incremento de 41 por ciento, los aceites vegetales 60 por ciento y los productos lácteos 83.

A principios de la etapa Jean Ziegler, relator de la ONU para la Alimentación, alertó que la crisis desatada por tal situación se puede detonar un largo período de disturbios incontrolables y de inestabilidad en el mundo.

Antes de que comenzara la crisis, un menor de 10 años moría cada cinco segundos en el mundo y otros 854 millones están gravemente desnutridos. Se trata de una masacre inminente, un crimen de lesa humanidad, advirtió Ziegler.

Los precios del petróleo transcurrieron la semana de la mano del dólar débil, nuevos indicios de recesión en Estados Unidos y la caída de las reservas comerciales reportadas el miércoles en Washington por el Departamento norteamericano de Energía.

De acuerdo con ese informe los inventarios de crudo se contrajeron dos millones 360 mil barriles. Las previsiones apuntaban a un aumento de al menos un millón de toneles.

En esas condiciones y con el retorno de la violencia a Nigeria la cotización del West Texas Intermediate, de referencia en Estados Unidos avanzó medio punto y el viernes llegó, por poco tiempo, a 117 dólares el barril en los contratos para mayo.

Los analistas dijeron que la creciente demanda inversionista de materias primas ante la debilidad del dólar y la crisis financiera contribuyó a encarecer el oro (al borde los mil dólares la onza el miércoles) y de otras materias primas. El metal dorado se vendió a mediados de semana a más de 940 dólares la onza.

Repuntes inflacionarios en ambos lados del Atlántico se agregaron al encarecimiento de alimentos, energía y otras las materias primas para ensombrecer aun más el panorama económico mundial según una encuesta de Financial Times.

Al principio de la semana el Departamento de Comercio informó en Washington que el Índice de Precios al Productor creció 1,1 por ciento en marzo, ascenso casi tres veces mayor al esperado. En un año ha subido cerca de siete por ciento.

Los expertos creen que en un empeño por frenar la desaceleración económica la Reserva Federal, banco central estadounidense, volverá a rebajar las tasas de interés cuando se reúna el 9 de mayo próximo

Reajuste en el presupuesto de PMA

La ONU requiere 750 millones de dólares adicionales para cumplir sus compromisos con 73 millones de hambrientos en el mundo, debido al incremento de los precios de los alimentos.

Las nuevas necesidades surgidas luego del sostenido aumento de los costos de los víveres en todo el mundo fue confirmadas hoy por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), organismo de la ONU a cargo de asistir a los necesitados.

Ese presupuesto adicional significa 250 millones de dólares más que lo solicitado en febrero pasado para nivelar los dos mil 900 millones previstos inicialmente para las operaciones en 2008.

Esta reevaluación del presupuesto del PMA responde a lo que ocurre con los costos de los alimentos, explicaron aquí los especialistas.

Como ejemplo citaron la situación del arroz en Tailandia, que de 460 dólares la tonelada subió a 780 en cinco semanas, y advirtieron que esos precios podrían aumentar aún más.