Para evitar que se cometa una injusticia con Walter Chávez

Ramón Rocha Monroy

abril 9, 2008Publicado el: 3 min. + -
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Quienes nacimos en plena Guerra Fría y vivimos aún para contarlo, sabemos que el Estado, casi en toda esa época bajo gobiernos reaccionarios, no vacila en acusar de terrorista a quien milita en el campo popular.

Esa acusación no sólo pesó sobre compañeros que optaron por la lucha armada, sea rural o urbana, sino sobre intelectuales de izquierda, profesores, estudiantes y trabajadores universitarios, poetas y artistas, dirigentes sindicales, periodistas y otros representantes de los movimientos sociales.

Este es el caso de Walter Chávez, periodista e intelectual peruano que desarrolló una vasta labor cultural quizá no menor a la de Gamaliel Churata, fundador de Gesta Bárbara. Chávez hizo un excelente trabajo periodístico en diarios nacionales prestigiosos como HOY, LA RAZÓN y EL JUGUETE RABIOSO, quincenario de prestigio en su momento del cual fue su fundador.

Chávez es ante todo un intelectual, un profesor, un escritor, un periodista. En la lucha interna que todos experimentamos desde muy jóvenes, ganó el hombre político y Walter optó por apoyar abiertamente la candidatura de Evo Morales a la Presidencia, contribuyendo decisivamente a una campaña exitosa que se tradujo en la asunción del primer Presidente indígena de Bolivia y el segundo de América Latina (después de Benito Juárez).

Algunos políticos no le perdonaron esta opción que tomó como cualquiera de nosotros lo hubiera hecho incluso en otro país hermano, porque para apostar por el movimiento popular no existen fronteras. Uno puede suponer los hilos que se movieron para lograr que el gobierno peruano reabra un proceso contra Walter Chávez por el delito de terrorismo y la acusación formal de extorsión en nombre de una organización revolucionaria.

En América Latina, cientos, miles de intelectuales y dirigentes populares hemos sido acusados de terroristas, de extremistas, de subversivos; y a cientos de miles de nuestros compañeros los eliminaron con ese pretexto y sin figura de juicio.

Me temo que ese es el caso de Walter Chávez, y por eso quiero convocar a todos los que fuimos sus amigos y compañeros de trabajo, a sus lectores, a los beneméritos de la utopía, a los viejos y nuevos luchadores por la justicia social, a los perseguidos, encarcelados, exiliados, torturados y acusados de terroristas, para que dirijamos esta carta colectiva a la Corte Suprema de Justicia para evitar que emita un fallo históricamente peligroso en contra de nuestro compañero.

No podemos permitir que se entregue a un compañero peruano sabiendo que todos nosotros, unos más que otros, hemos pasado por el mismo calvario aunque en el fondo sólo tengamos sed de justicia y de una vida mejor para todos.

Les pido que reenvíen esta carta a todas las direcciones posibles de Bolivia, del Perú y de otros países hermanos de América Latina y Europa, a ver si así protegemos la integridad física y moral de Walter Chávez.

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