¿Derecha progresista, izquierda retrógrada?

Ramón Rocha Monroy

marzo 28, 2008Publicado el: 3 min. + -
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Hoy la moda en América Latina es tildar a la izquierda como retrógrada, como aferrada a las viejas formas de organización de la economía y la política, y postular a la derecha como revolucionaria y progresista porque entrega las variables económicas a la regulación del mercado y reduce el Estado a la mínima proporción.

Ya hemos visto y soportado hasta hoy los resultados de esta última concepción: el neoliberalismo es un arca de Noé que sólo tiene lugar para la gente de cuello y corbata. El resto, que Marx llamaba "ejército industrial de reserva" se convierte en un "ejército de la miseria", sin la menor posibilidad de tener ocupación con salario ni menos seguridad laboral.

Enrique Krauze, conocido escritor mexicano, publicó la anterior semana un artículo que dice lo siguiente: los conservadores del siglo XIX mexicano eran proteccionistas; los liberales estaban por la libertad de comercio y la apertura al extranjero; luego los revolucionarios se hicieron proteccionistas y, hoy, la izquierda, de nuevo, se presenta como proteccionista. Agrega que, en los años cincuenta y sesenta, nuestros grandes historiadores llegaron a sugerir que, muchas veces, los conservadores tenían propuestas más avanzadas que los liberales en materia de desarrollo económico. Krauze, que se proclama hombre de derecha "liberal", se considera heredero de los liberales mexicanos del siglo XIX, pero se cuida de referirse al problema de la tierra, que los liberales del siglo XIX proclamaban con gran sentido de justicia social.

Krauze, como los militantes de la derecha liberal, se considera progresista. Su progresismo consiste en las reflexiones siguientes: en el país no hay capitales y hay que traerlos de afuera, no importa a qué costo. Los políticos del otro win aceptan que no hay suficientes capitales, pero son celosos de que esos capitales respeten las reglas de la soberanía nacional. La diferencia es clara: Sánchez de Lozada, por ejemplo, era a su modo hombre de buena fe; no tenía cartas ocultas bajo la manga. Quería implementar un modelo neoliberal y lo hizo. En su lógica, era natural que las transnacionales escogieran sus tribunales en las Islas Caimán y no en la judicatura boliviana. ¡Es que piensan así! Ellos son los revolucionarios y el resto, los suspicaces, los recelosos con el uso de nuestros recursos naturales y la soberanía nacional, son los retrógrados. Como dice Arnaldo Córdova, analista mexicano de quien me copié el titular de esta columna, , el capital extranjero "hay que traerlo y ya, sin restricciones estúpidas que lo puedan asustar, porque, entonces, volaría el pájaro".

Y agrega: "Nunca hablan de las reglas y condiciones que se deben plantear a la iniciativa privada para que explote nuestras riquezas nacionales ni, mucho menos, se refieren a exigencias puramente técnicas que es indispensable pensar con cordura y con sentido común." Es típico de esta tendencia no hablar de soberanía nacional, mucho menos de control sobre nuestros recursos naturales porque se llenan de salpullido.

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