Deseo de secesión en medio mundo

Rodolfo Faggioni

marzo 13, 2008Publicado el: 4 min. + -

El efecto dominó de Kosovo está poniendo en dificultad a muchos gobiernos centrales de medio mundo. "Los pequeños pueblos balcanes", como los llamaba el dictador soviético Stalin, no son los mismos de los años cincuenta. Agotados, sin líderes y sin dinero, ahora tienen la única "chance" de convertirse en peones de las actuales potencias políticas, militares y económicas. Sólamente el fanatismo lo tienen intacto. En Vojvodina, provincia autónoma de Serbia, son dos millones las personas que se identifican en 26 grupos étnicos y para no descontentar a nadie, cada documento se redacta en seis distintas lenguas oficiales. Igualmente la pobre "Republika Srpska" de Bosnia, que hace algún tiempo atrás estaba con el criminal Karadzic, hoy es incitada por la Iglesia Ortodoxa para tener un "status" autónomo.

En los valles meridionales del sur de Serbia, en las regiones de Presevo, Medvedja y Bujanov, un grupo armado pide la independencia de la etnía albanesa y a pocos kilómetros a sud, está el problema de Macedonia, un pueblo que no quiere ser ni griego ni albanés.

Nación igual a autodeterminación es el teorema actual, y el "kosovismo" está dando vueltas por todo el este post-soviético. Se están agitando los húngaros de Rumania, igualmente la parte de Transilvania que Nicolae Ceausescu gobernaba con puño de hierro; el Azerbaiyán tiene problemas con sus provincias de Nagorno-Karabakh que se han autoproclamado independientes y donde el 14% del territorio ha sido masacrado en una feroz guerra civil, convirtiéndose con el pasar de los años en tierra de escurribandas de bandoleros afghanos y chechenos que sostienen a los "hermanos" azerbaiyanos,

En el viejo imperio soviético, las repúblicas “satélites” son las comprimarias de la nueva geopolítica. La tragedia chechena enseña que por esos lados es el “el nuevo zar de Rusia” Vladimir Putin a decidir lo que tienen que hacer esos pueblos. La Transdnistria que no se siente parte de Moldavia y que ningún gobierno del mundo reconoce, es un corredor independiente dividido entre nostalgias breznevianas y tráficos ilícitos que viven gracias a la protección del Kremlin. La región de Abkhazia contesta la autoridad de Georgia y mira a la grande madre Rusia y la independencia se la ha conquistado por su cuenta adoptando como moneda el rublo ruso. "¿Por qué la comunidad internacional no nos da lo que le ha dado a Kosovo? Se pregunta el líder de Abkhazia que recibe dinero de Moscú y reclama la secesión de Georgia. Ningún país al mundo la considera un estado, pero algo se está moviendo tanto es cierto que John McCain, el senador de Arizona y candidato a la Presidencia de los Estados Unidos por el Partido Republicano ha hecho una visita oficial.

También Europa tiene sus problemas. La crisis política en Bélgica es una "lucha" entre Valonia y Flandes. La reelección de Zapatero en España depende en gran parte del diálogo frustrado con la formación Eta Vasca y de las autonomias de Cataluña y Aragona. El centralismo francés tiene el problema de la isla de Córsega e ignora la reivindicación de los bretones. En Gran Bretaña los irlandeses y escoceses piden una independencia absoluta.

Turquía, India, Sri Lanka, China, Indocina, y los Estados Unidos con Puerto Rico y el tranquilo Cánada con Quebec, están en las mismas condiciones.

En Amèrica Latina, tanto Mèxico con la provincia de Chiapas como Bolivia con la “media luna”, piden autonomía de los gobiernos centrales.

Yendo de este paso, pocos países del planeta se quedarían unidos y enteros, aunque existe un ángulo en el mundo que las Naciones Unidas indica como modelo para resolver el caos kosoviano: se trata de las Islas Aland, un archipiélago báltico habitado por suecos pero perteneciente a Finlandia. Desde hace algo más de un siglo, tienen un Parlamento, una bandera, una policía, estampillas propias, festejan el Día Antimlilitarista y no existe la intolerancia ni racial, ni social, ni religiosa. Este caso fue sometido a los serbos y albaneses durante los interminables negociados antes de la “independencia” kosovara, sin ningún resultado. Ha prevalecido, como en casi todos estos casos, el fanatismo y los intereses económicos, que son mucho más importantes que ver a una nación próspera y unida.

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