Hiperinflación política

Ramón Rocha Monroy

marzo 11, 2008Publicado el: 3 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

Hace varios años que padecemos de hiperinflación política. ¿Hasta dónde, hasta cuándo vamos a aguantar?Necesitamos un buen bufete de abogados y un buen equipo de economistas para sacar adelante el país.

El último gran bufete de abogados que tuvimos gobernó en silencio con Goni durante el proceso de capitalización. Felizmente pudimos destruir, aunque no sé hasta qué punto, esa máquina oprobiosa de subasta del patrimonio nacional que inventaron los abogados de Goni. Pero nunca más tuvimos un bufete idóneo, ni en el oficialismo ni en la oposición. Por eso sobrevivimos un quilombo jurídico entre constitucionalistas y autonomistas que felizmente la Corte Nacional Electoral ha decidido cortar anulando los procesos hasta el vicio más antiguo.

Necesitamos además un equipo de economistas idóneos para que consigan una concertación nacional basada en el sentido común. ¡Basta de medias verdades! La inflación en gran medida es artificial. ¿No podemos ponernos de acuerdo para superarla? Todos sabemos que hay causas externas, una recesión gigantesca que se nos viene como una tormenta, pero también que hay políticas desacertadas que podemos enderezar sentándonos a decirnos las verdades y no a adivinarnos la suerte entre gitanos.

Pero el problema mayor es la hiperinflación política. Dicen los analistas que la política es la expresión concentrada de la economía, que en las decisiones políticas hay un nudo de múltiples determinaciones que afectarán a lo económico y a lo social. Pero hace por lo menos tres años, si no más, que nos hemos sobrecargado de proyectos políticos que nos llevan al abismo.

Por eso suscribo la decisión de mi amigo José Luis Exeni, de anular las consultas electorales, sean constitucionalistas o autonomistas, porque ninguna de ellas podrá llevarse a cabo en paz.

Verónica Rocha me envió un correo muy interesante. Dice: "Es VITAL que los ciudadanos nos pronunciemos en torno al único bastión institucional que queda en salvaguarda de la democracia: la Corte Nacional Electoral. Es necesario que defendamos la única institución que abre una ventana a una solución alternativa a las armas y, de esta forma, resguardemos el buen cauce de los procesos Autonómicos y Constituyente. Una señal es, básicamente, algo que nos enseña un camino, que nos da una clave, nos indica algo. Si bien los últimos meses han sido desastrosos para el clima político en el país, al punto de que era difícil situar los pies en tierra y un@ simplemente levitaba entre unos actores políticos-cívicos y otros, teniendo como único corazón/coraza las creencias y sentires propios, irrenunciables, por supuesto, pero, unilaterales ante todo.

Teníamos/tenemos una cancha en común, unas reglas del juego entre las cuáles habíamos/hemos acordado limitarnos. (…) La legalidad que ha imperado últimamente ha sido la del Talión antes que la del derecho. Cerco por cerco, urna por urna. Y la legitimidad ha transitado de ser el aval popular a ser el aval que otorga la irracionalidad del bando opuesto.

La carta de Verónica dice mucho más. Lástima que no pueda reproducirla in extenso. Pero apunta a superar esta cojuda hiperinflación política que amenaza destruir una república que construimos en casi dos siglos.

Atrás