Cochabamba, capital geopolítica de Bolivia

Ramón Rocha Monroy

febrero 19, 2008Publicado el: 6 min. + -
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Tengo motivos para insistir en dos hipótesis: la primera, la del tifón social, que sirvió para orientar el documental ¡Nunca Más!, que estrenamos con Roberto Alem el 10 de enero en el prestigioso programa "Que no me pierda", de mi buen amigo Mauricio Méndez; y la segunda, la centralidad de Cochabamba, que es una auténtica Capital Geopolítica de Bolivia.

Humberto Vacaflor publica mensualmente el Boletín Siglo XXI, que contiene buena información y sugerencias valiosas. Por él nos enteramos del desconcierto que sienten los diplomáticos extranjeros cuando informan a sus cancillerías sobre la situación política boliviana. Habla de una embajadora que a fines del año pasado dio por hecho el estallido de la guerra civil y la secesión del país. Ahora no sabe qué ha ocurrido que sus pronósticos no se cumplieron. Las variables que insertó en sus análisis conducían irremisiblemente a la guerra civil, pero Bolivia es un país para romper la cabeza a cualquier cabeza racionalista.

Esos mismos diplomáticos seguramente anticipan el tifón social para mayo, cuando se realice el referéndum sobre el estatuto autonómico en Santa Cruz, pero quizá se lleven un nuevo fiasco, ellos y sus cancillerías, tal como pronostica Humberto Vacaflor.

El tifón social está agazapado como un tigre dormido. Quizá está recobrando fuerzas; quizás el ampliado de cocaleros realizado el último domingo y el otro ampliado en Achacachi sean el anuncio del desplazamiento del tifón social a otro distrito.

Lo que no queremos los cochabambinos es que el tifón social vuelva a posarse en Cochabamba. Estoy seguro de que éste es no sólo el interés de los cochabambinos, sino el interés del Occidente y de la Media Luna: el de respetar, como si fuera el Vaticano, la centralidad de Cochabamba en el conflicto. En el documental dijimos que el Estado boliviano jamás se preocupó por fortalecer el centro entre esos dos polos de poder. Un centro poderoso le hubiera dado mayor cohesión al país. Pero, en ausencia del Estado, los bolivianos deberíamos instituir la neutralidad del centro cochabambino como factor de equilibrio entre las regiones, mucho más si éstas instituyen su autonomía.

Cochabamba no tiene líderes. El último de ellos ahora es Presidente y ha dejado vacante el liderazgo regional; el otro visible, el prefecto Reyes Villa, es hombre de primer plano pero no un líder de consenso porque representa a una fracción cuestionada por varios sectores sociales. Pero, aun sin líderes, por encima de cualquier interés regionalista, los dirigentes de Occidente y de la Media Luna deberían respetar moral y materialmente la centralidad geopolítica de Cochabamba y constituirla en árbitro de la unidad nacional. Esa es nuestra vocación como región que es incuestionablemente la Capital Geopolítica de Bolivia.No hablo de un movimiento cívico que postule esa calidad geopolítica frente al resto del país. Hablo del resto del país, del Occidente y la Media Luna que, si desean sinceramente preservar la unidad de Bolivia, deben fortalecer la neutralidad de Cochabamba.

COCHABAMBA, TRIBUNAL ARBITRAL

La centralidad geográfica y geopolítica de Cochabamba nos ha puesto en un conflicto que estalló como un golpe de odio el 11 de enero. Tal como ratifican algunos de los entrevistados en el documental ¡Nunca Más!, que difundimos el 10 de enero, el movimiento autonómico movió sus fichas para controlar el centro del país, y entonces el movimiento opuesto, no autonómico, movió las suyas. A pesar del saldo de muertos y heridos, la mayoría del pueblo cochabambino obró con sensatez histórica al no inclinarse por uno ni por otro bando. La vieja vocación de unidad nacional de los cochabambinos primó sobre el espíritu de partido y entonces la situación nacional volvió al empate anterior al 11 de enero de 2007.

Los cochabambinos tenemos el deber de reflexionar sobre esta vocación histórica de neutralidad nacional para proponer que tanto el Occidente como la Media Luna no vuelvan a disputarse el centro, pues Cochabamba es garante de la unidad nacional.

Cochabamba tiene que funcionar como tribunal arbitral y conciliatorio de los conflictos que afecten la unidad nacional; mucho más si se aprueban los estatutos de las autonomías departamentales, regionales e indígenas que, en su multiplicidad, van a generar conflictos. ¿Dónde vamos a dirimir las disputas entre el conglomerado de sistemas que hoy se quiere incorporar a la Constitución? ¿En el Tribunal Constitucional? Más allá de la institución, se necesita la fuerza histórica de una región para hacer respetar la unidad nacional. Esa fuerza histórica queremos que se encienda y defina en el espíritu de los cochabambinos.

Reduciendo el concepto, la geopolítica es la ciencia y el arte de dominar el centro. Por eso las zonas más conflictivas del Planeta son los hinterlands, esos territorios intermedios entre dos potencias, en los cuales estallan continuamente los conflictos, a no ser que las potencias juzguen más racional constituir esos hinterlands en territorios neutrales.

A un año del 11 de enero se va tornando cada vez más visible la vocación de neutralidad de los cochabambinos. Si se mantiene el empate entre autonomistas y no autonomistas es porque los cochabambinos no hemos querido inclinarnos por ninguno de esos polos. Ojalá asumamos conciencia plena de esta vocación y exijamos al conjunto del país que se nos respete en esa condición, porque aquí, en Cochabamba, es necesario instalar un tribunal arbitral cuyo fallo en cuestiones que afecten la unidad nacional sea respetado por las partes.

El funcionamiento del Parlamento Sudamericano en Cochabamba fortalecerá esta vocación, pues nos permitirá tener veedores y garantes de países vecinos, así como juristas y geopolíticos asesores. Pero la garantía mayor está en la vocación histórica de los cochabambinos.

Es posible que en el futuro alguno de los polos de poder incline a su favor el centro del país, es decir, Cochabamba. Pero será una victoria pírrica si pone en riesgo la unidad de Bolivia. Cochabamba no puede, no debe inclinarse por ninguno de los movimientos en pugna. Al igual que un distrito federal o un distrito capitalino, debe ser el pivote de la unidad nacional y árbitro de conflictos.

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