Se casó mi hija Raquelita

Ramón Rocha Monroy

enero 15, 2008Publicado el: 3 min. + -

En Madrid, el 11 de enero, se casó mi hija Raquelita. No pudimos ir por causas que trato de explicar líneas abajo, pero quiero compartir con ustedes esta carta que le envié y que denota nuestra alegría:

"Nada podría ser menos ajeno a mi corazón que la suerte de Raquelita, porque su nacimiento no fue producto del azar: la imaginamos con nombre y apellido, tal cual es, un año antes de que naciera; y quiso el destino que naciera un 25 de marzo, día de la Anunciación. Por eso se llama también Gabriela, como el arcángel, aunque me hubiera gustado que se llamara Anunciada.

"Raquelita creció con una ilusión incontenible, y puedo decir que hasta hoy no ha perdido su capacidad de asombro. En más de medio siglo de vida, no he visto ojos más expresivos, ojos que no saben guardar secretos, que transparentan sus sentimientos con una nitidez que deslumbra. Así la recuerdo desde muy niña hasta hoy que, desde hace varios años, sólo la veo en fotografías.

"Raquelita siempre mira a la cámara por esa vieja costumbre de contarme sus sentimientos con los ojos. Y esos ojos no pueden mentir: transmiten amor, dicha, ilusión, como sus cartas, que también son dramáticamente expresivas, tanto en sus arrebatos de júbilo como en algunos momentos de desaliento.

"No he dudado un instante en convencerme de que esa mirada dulce y llena de esperanza de Raquelita se debe al amor, no al amor a secas, sino al amor por David Carranza, un alma gemela que Dios puso en su camino. Por esas razones, esta es una carta de gratitud a Dios, a la vida, pero sobre todo a la familia Carranza Peco, que le ha brindado a Raquelita un hogar y un sitio al abrigo del fogón familiar.

"La tribu de acá se siente muy honrada y feliz de incorporar a David a nuestras filas. El amor a la vida y al disfrute nos ha hecho apreciar, más que nada en el mundo, los dulces placeres de la mesa y de la cama, quizá los únicos verdaderamente humanos porque fundan la filosofía y la cultura, a diferencia de invenciones como el poder, la guerra, la gloria, la riqueza o el sentido de posesión, que expresan el lado oscuro del alma.

"Para este servidor, cuya biografía podría reducirse a una constante crítica de la sazón pura, no hay nada más halagüeño ni motivo mayor de orgullo que aproximarse con amor paternal a un artista mayor de la cocina, como es David Carranza Peco, y darle un cariñoso abrazo de ultramar, que ya hubiera querido hacerlo personalmente, pero, ya se sabe que la olla del escritor tiene algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos, que consumen las tres partes de nuestra magra hacienda.

"Con que mi hija hallara un hombre honrado para compartir su destino, ya me hubiera sentido feliz; pero si además es David, que adorna su vida con los secretos de ese arte mayor, la cocina, me hace sentir colmado de bendiciones. Como dijo el gran Julio Camba: Los pueblos tienen siempre los gobiernos y los restaurantes que se merecen.

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