Un partido político, una ley, un gobierno, etc., define su naturaleza de clase por la posición que adopta frente a la propiedad privada de los medios de producción, sea ésta grande o pequeña. Los intereses materiales de la inmensa mayoría de campesinos en el país, por ejemplo, están ligados a la pequeña propiedad privada de los medios de producción y por eso están condenados a desarrollar normalmente una política burguesa porque su perspectiva legítima es agrandar su pequeña parcela para convertirse en una nueva burguesía agraria.

Sin embargo, esta mayoría campesina por su condición de ser también explotada por el capitalismo, en determinadas circunstancias de ascenso revolucionario, se transforma en la fuerza explosiva de la política revolucionaria que esencialmente es contraria a toda forma de propiedad privada. En esto radica el fundamento de la posibilidad de la alianza obrero campesina, condición de la revolución proletaria en los países de economía combinada como Bolivia.

A esta altura del desarrollo del actual sistema social, se han cerrado definitivamente las puertas para un ulterior desarrollo del capitalismo en el planeta; éste sistema social se ha convertido en el freno de toda posibilidad del desarrollo de las fuerzas productivas y vive una etapa cavernaria y regresiva destruyendo todo lo que ha avanzado en su período de crecimiento. En este marco, toda respuesta burguesa o reformista a los problemas estructurales del país es inviable.

La constitución masista, no importa la formalidad de cómo ha sido aprobada, si en observancia o no con las normas legales, consagra la vigencia de la propiedad privada en todas sus formas, de la grande en manos de los empresarios privados y del imperialismo y de la pequeña como resabio del precapitalismo y la causa de la miseria de inmensas masas explotadas como los campesinos, los artesanos en los centros urbanos y de los comerciantes pequeños que se han multiplicado desde la aplicación de la política de libre mercado en los últimos dos decenios.

La experiencia enseña que las otras formas de propiedad, la estatal y la comunitaria, son sistemáticamente subordinadas y destruidas por la dominante propiedad privada. Toda la historia del país, desde el coloniaje pasando por la República, es la historia de la destrucción de la propiedad comunal por medio del despojo primero por los conquistadores y posteriormente por los latifundistas y ahora por el imperialismo y los empresarios ganaderos y agroindustriales que surgen en el Oriente.

La propiedad estatal en manos de los gobiernos de la clase dominante y bajo la presión del imperialismo ha terminado estrangulada y convertida en botín de guerra de la politiquería burguesa. No tiene porqué ser diferente en manos del MAS.

Por la presión dominante de la propiedad privada, las formas de propiedad comunal que sobreviven excepcionalmente en algunas zonas del país abandonan las formas de producción comunitarias y colectivas para ceder gradualmente a la producción individual – familiar; las tierras comunitarias son distribuidas por determinado tiempo a las familias de la comunidad para que puedan producirla de manera individual.

De este modo la nueva constitución masista, si logra aplicarse, se orientará a la consolidación de la gran propiedad privada de los medios de producción y a la supervivencia de un capitalismo inviable a esta altura del desarrollo de la humanidad.

Se agudizan las pugnas interburguesas por ausencia de una política revolucionaria

Estamos viviendo un período en el que se agudizan las pugnas dentro de la misma política burguesa no por objetivos políticos que planteen estrategias de desarrollo capitalista diferentes sino por intereses inmediatos y mezquinos.

La media luna se rebela contra la pretensión de la nueva constitución masista de limitar la posesión de la tierra por parte de los sectores ganadero y agroindustrial en el Oriente y por el interés del gobierno por restar poder económico a las prefecturas opositoras a través de la reducción del impuesto directo a los hidrocarburos (IDH).

El conjunto de la clase dominante se ha agotado en el país y sus expresiones políticas, tanto la media luna ultra reaccionaria como el reformismo masista, no tienen capacidad de dar respuestas a los problemas estructurales del país y de satisfacer las necesidades inmediatas de los explotados. Las pugnas interburguesas se agotan en la sucia politiquería que se expresa en torpes maniobras y en la ridícula caricaturización del parlamento burgués.

Está ausente en el escenario la política revolucionaria del proletariado y muchos sectores de los explotados son arrastrados por esta pugna. La sangre no llegará al río, la última confrontación entre la media luna y el gobierno es una prueba de fuerza que tiene como objetivo la posibilidad de que uno de los sectores se potencien políticamente haciendo retroceder al oponente.

De estar presente la política revolucionaria nítidamente diferenciada de la politiquería burguesa, disputándose el control de las clases medias de la sociedad y abriendo la posibilidad de la revolución social (situación revolucionaria), obligaría a todos los sectores de la clase dominante a ocupar la misma trinchera en defensa de la propiedad privada de los medios de producción. Lamentablemente, el proletariado y sus direcciones sindicales, han perdido su tradición revolucionaria cuyos hitos más importantes son la Tesis de Pulacayo y la Asamblea Popular de 1971. En este extravío las direcciones sindicales terminan como furgón de cola del gobierno masista creyendo que de esta manera se oponen “al avance de la derecha” debido a las estupideces del oficialismo.