Jugadores de cabeza fría

Ramón Rocha Monroy

diciembre 19, 2007Publicado el: 3 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

Hace unos días me senté en la terraza del Café Victory, de Santa Cruz, a gozar del clima primaveral de estos días, que contrasta con el furor y la histeria de los operadores políticos hoy visibles en la marquesina de la crisis. Entonces vi a un ciudadano cruceño, de esos de vieja y buena cepa, que jugaba ajedrez con un contendor a quien ganaba una y otra vez a una velocidad increíble. Movía las piezas con aplomo, como si aplastara puchos en un cenicero, no se devanaba los sesos y silbaba. Silbaba muy bien, con esmero, una canción que hablaba de amor y desengaño, y apenas interrumpía su silbido para reír muy divertido cada vez que hacía una buena jugada.

Pensé de inmediato cómo hemos ido perdiendo esos remansos de paz donde todavía es posible jugar al ajedrez sin otra preocupación que la de silbar y ganar.

No era yo el único que lo contemplaba. La guapa señorita de la caja también lo miraba, y muy divertida. Traté de precisar sus jugadas y eran fulminantes, así le tocaran las negras, mientras su oponente se congestionaba mirando obsesivamente el tablero.

¿Cuál era el secreto de este magnífico jugador? Estaba a la vista: jugaba en mangas de camisa, suelto de cuerpo, de buen humor, pero, sobre todo, con la cabeza fría. Pensé de inmediato qué afortunados seríamos si estos estrategas contentos y con la cabeza en paz dirigieran nuestros conflictos políticos. Creo que todos saldríamos ganando.

Los políticos, como cualquier estratega, también son jugadores de ajedrez. Necesitan tener la cabeza fría. ¿No se dan cuenta que devalúan su prestigio si se dejan dominar por la histeria?

Esos líderes vociferantes, con el insulto a flor de labios, son malos jugadores, como es malo un militar o un boxeador que ataca dominado por la ira. Al contrario, es mejor el que sonríe en silencio y jamás pierde la calma.

Los chinos son sabios cuando piensan que pierde la discusión el que pierde los estribos, el que se alborota y pierde la serenidad. Los grandes estrategas son personas impasibles, pues aunque pierdan dan la mano al rival y reconocen su derrota. Reconocerla es iniciar en buenas condiciones la segunda vuelta.

Ojalá que el receso de fin de año limpie el panorama político de esas voces histéricas y destempladas que impiden una reflexión serena sobre nuestros problemas. Al parecer, son graves, pero por más graves que sean, no vamos a ganar nada si los operadores políticos actúan al calor de su combustión interna. Deberíamos, más bien, aprender de ese ciudadano ajedrecista que ganaba partida tras partida y siempre de buen talante, sin perder la compostura.

Bueno, pero hasta aquí hablamos de una lógica de guerra, como si sólo nos interesaran los jugadores, los estrategas, y no la cantidad de peones, alfiles, caballos, torres y damas que son movidos a capricho y que mueren a granel para salvar al rey.

¿Por qué no aprovechamos este receso de fin de año para pensar en que las personas no son fichas, no son trebejos y no se las puede mandar a matar o morir tan sólo por ganar la partida.

Atrás