De autonomías a autonotuyas

Carlos F Toranzos

diciembre 14, 2007Publicado el: 7 min. + -
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La primera vez que escuché la palabra autonomía fue cuando tenía 12 años. Eran momentos álgidos en la política nacional – como si lo hubieran dejado de ser-. El MNR estaba en el poder, ya había estado por casi 12 años. El vicepresidente, un tal Rene Barrientos Ortuño, decidió organizar un golpe en contra de Victor Paz Estenssoro.

Entonces los colegios secundarios, como el mío, fiscal y de enseñanza técnica, salieron a las calles azuzados por gente como yo; un dirigente del colegio Nacional Avaroa. Recorrimos las calles llenas de policías con cara de pocos amigos y con ganas de darnos una buena zurra, pero no podían porque la prensa estaba presente y claro no podían hacer nada hasta no haber recibido la famosa “orden superior”.Fuimos marchando dirección hasta la Universidad Mayor de San Simón. Salimos de la calle Ayacucho, bajamos por la Baptista y luego a la España para hacer un giro de exigir solidaridad. A las puertas de los colegios Elena Arce y Adela Zamudio, demandamos que las clases fueran suspendidas y que las señoritas de ambos liceos, se unieran al momento más importante de la escritura de la historia del país. La demanda era el cese del régimen corrupto, matón, torturador, antidemocrático y el más fatídico que Boliva había tenido jamás, el del MNR liderado por Victor Paz Estenssoro.El Control Político, arma secreta del régimen del movimiento, era esa especie mezcla de SS y Guardias Rojos, no dejaban ni un solo opositor en pie o sentado, quien fuere el que osase decir que el gobierno era corrupto, malo antidemocrático o simplemente mostrar su oposición, era encerrado en las celdas secretas del Control Político y golpeados hasta que se arrepintieran de osar semejante insulto al MNR. El mandamás del CP era un señor de apellido San Román, lo de San seguro que era una manera de ablandar su brutalidad y su figura.Nuestra marcha, ahora inflada con las virtuosas guerreras de los Liceos, seguía su imparable camino sin oposición contundente. Llegamos a la Universidad Mayor de San Simón; con gritos de triunfantes combatientes, cruzamos las barricadas erigidas en las calles Oquendo y Sucre, Bolívar y Oquendo ampliándose hasta la Cancha por la 9 de abril. El campo de batalla estaba marcado, la guerra había empezado: “Mono asesino”, MNR al paredón”, “Al cordel”, “Mono al farol” referencias que no tenían entonces mayor sentido pero que luego aprendería que su referencia eran totalmente macabra. Villarroel, fue abatido por la turba enardecida de una derecha escalofriante y una izquierda inepta. Fue colgado de un cordel en la plaza Murillo de La Paz y dejado pendulando como si se tratase de un ejemplo de la barbarie.Los dirigentes, mayores que yo por supuesto, eran fogueados comunistas o filo comunistas, apoyados por los falangistas o los filo falangistas, eran los del PRI y los filo priistas, en fin eran todos los opositores, que como antaño se unían en una especie de unidad contra el tirano. Su batuta era la de agitar, era la insurgencia. Llegamos a la universidad donde se nos recibió como a héroes que llegaban después de una batalla decisiva. Desde la Ayacucho a la Oquendo pasando por la Bolívar; nuestra batalla fue victoriosa, nuestros gritos estremecían a todos y a todo. Flanqueados por policías en espera orden superior, por Varitas asustados, por agentes secretos del Control Político sin olvidar las barsolas que desde el mercado de la 25 de Mayo, nos insultaban y demandaban nuestro retorno a clases o amenazaban con “avisar a tu mamá”. Fuimos recibidos por la barricada de la calle Bolívar, con gritos de triunfo y vivas y mueras. Hicimos el ingreso triunfal en la Casa del Saber, sus jardines rellenos de cubos de agua y de gentes dispuesta a defender lo que ahora parecía una religión. Repartían pañuelos mojados y un polvo blanco. Recibir todo y seguir las instrucciones al pie de la letra. El polvo blanco para pintarse al rededor de los ojos así evitar o disminuir el efecto de los gases lacrimógenos, el mismo que ya se olía en el aire, el pañuelo para cubrir la boca y enjugar el cansancio y el sudor. Gritos siguen, ahora añadido uno nuevo “Viva la Autonomía”.Desde un balcón de la facultad de derecho, un dirigente de la FUL arenga: “Compañeros, (no había compañeras entonces) el General Barrientos esta a las puertas del palacio Quemado; en cualquier momento este gobierno asesino y fascista va a caer. Viva la autonomía, abajo el mono y sus secuaces”.Ahora la marcha era a la Plaza Principal, el objetivo era la toma de la Plaza. Nuestras armas: los pañuelos blancos mojados y con la cara blanquecina por el bicarbonato de soda. Yo estaba como pez en el agua, con los dirigentes de la FUL, todos hombres grandes, amistosos con la amistad que da la barricada. “A la Plaza”, “A la Séptima” aguerridos compañeros que ya no eran compañeros sino camaradas (compañero era el término usado por el MNR).¡A la calle! Y salimos or la puerta lateral cuando un grupo de matones del Control Político, empezó a disparar con pistolas y rifles, con gases y con saña disparaban contra los que apenas tenían pañuelos por arma. Balas de verdad escupían sus pistolas y supe que eran de verdad porque se incrustaron en un árbol que hacía de escudo y una impacto en el cuerpo de un hombre de unos 19 años. Yo vi la sangre brotar de su entrepierna. Primera víctima de la defensa de la Autonomía. Recogimos al malherido y lo llevamos a la clínica que estaba ahora haciendo de hospital de campaña. Al entrar entre el alboroto de los medio ahogados por el gas y los asustados por los disparos, las enfermeras recogieron al herido y en un santiamén le quietaron los pantalones desvelando su herida todavía sangrando, una sangre negra y la herida morada verduzco.Salimos de la clínica a pedido de los médicos, muchos estudiantes de medicina, y continuamos la lucha, ahora la vehemencia era mayor, la Autonomía, ya había cobrado otra vez más una víctima.Entre tanto la policía, que ya había recibido orden superior, cercó la U. No se podía ni salir, ni entrar, las barricadas eran el símbolo de la resistencia del Templo del Saber. “Viva la Autonomía, muera el Mono, al cordel, al cordel”Las 2 de la tarde, hambre en las filas, sed en las tropas. La FUL otra vez, vales para comida en el comedor universitario. Comer como guerrero, con Sinalco y todo gratis. Santa María eso era una lucha por la autonomía, Viva la Autonomía. La comida fabulosa, pan, mucho pan. Salir otra vez a la barricada a reemplazar a los hambrientos luchadores con luchadores con el estómago lleno.Otra llamada al balcón para la arenga del mismo dirigente de la FUL, Barrenechea apellidaba, luego supe que era comunista. “Compañeros (las compañeras no habían, las que yo vi que daban bicarbonato y pan no eran visibles) el General Barrientos esta en el palacio Quemado, hemos triunfado, el mono y sus secuaces han escapado, viva la autonomía, muera el MNR”.Los valientes guerreros, ahora victoriosos, salimos a perseguir a los del control político, a los que dispararon contra los desarmados, a los parías y matones. La policía se había replegado, el ejercito estaba de fiesta y la Séptima se había tornado de movimientista en barrientista. Cayeron camaradas, pero el triunfo era mayor, el triunfo era de la Autonomía. El triunfo era del pueblo.Llegue a casa, con mis triunfo a cuesta, con los ojos blancos, con la idea clara de que la Autonomía había sido la victoriosa, el cansancio empezaba a sentirse en mis piernas. Mi madre me recibió sin mas fiesta que el castigo y la amenaza de dos semanas sin salir. Mi triunfo no fue entendido, mi orgullo victorioso mi madre lo bajo a cero; la incomprensión de los combatientes y de sus ideales en casa es leyenda. Una barsola del mercado de la 25 había denunciado mis andadas a Doña Emma. “¡Cómo se te ocurre dejarme con tanta preocupación”, dijo doña Emma. -Pero mamá ¡la autonomía estaba en peligro!”“Yo te voy a dar autonotuya”, fue su respuesta.

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