"Asalto a la Razón": las reflexiones de Al Gore

Ramón Rocha Monroy

noviembre 11, 2007Publicado el: 5 min. + -

"Estados Unidos somos todos y nuestros neocons ya traducen del inglés". Así comenta un conocido analista de Babelia (El País, Madrid) el último libro de Al Gore, hoy Premio Nobel de La Paz, titulado en inglés "Asalto a la Razón", que es una reflexión política de principio a fin. Lo curioso es que no se trata, pero en absoluto, de un extremista islámico, de un andino originario, de un venezolano o de un cubano, sino de una figura muy representativa del antiguo establishment estadunidense, que fue vicepresidente de Clinton y pudo ser presidente si, como corrió el rumor, no le hacían fraude para posesionar a Bush. La fuente dice que "ya ha desatado rumores sobre su eventual candidatura, de nuevo, a la presidencia.".

El libro de Al Gore tiene un mecanismo interesante: comparar los principios esenciales de Washington y los Padres Fundadores de la democracia americana con la política de los neocon(servadores) que gobiernan con Bush, con lo cual demuestra que Bush y los neocon, no són sólo ajenos "a esa tradición americana sino contrario a los valores esenciales de la nación".

Pero, ¿por qué el comentarista español habla de que Estados Unidos somos todos y nuestros neocons ya traducen del inglés? Aquí vamos a encontrar similitudes muy duras con lo que ocurre en nuestros países. La televisión, por ejemplo, que se ha convertido en una potencia política, pues promueve la pasividad del espectador, simplifica los razonamientos a consignas que no duran 20 segundos, y hacen que sea más importante el marketing o la moda que el programa, gastando además millones de dólares bajo la dirección de consultores transnacionales. Lo trágico es que el periodismo escrito también se hace eco y SE ESTÁ VOLVIENDO TELEVISIVO, porque te exigen TEXTOS CORTOS, desconfiando de que el público tenga la capacidad de leer.

La democracia requiere ciudadanos bien informados, activos y dispuestos a debatir con argumentos; a diferencia del elector-espectador de las cadenas televisivas, que mira con ojos de oligofrénico la sucesión vertiginosa de consignas con las cuales los aparatos políticos están actuando en su inconsciente.

Al Gore critica duramente la "utilización sistemática de la mentira en la guerra de Irak, la complacencia con la tortura en Guantánamo, la fabricación de un estado de miedo permanente e indefinido que justifique un autoritarismo creciente, el abuso del veto presidencial para reducir poderes a las cámaras, la ocupación descarada del poder judicial mediante maniobras oscuras, la sumisión de la Casa Blanca, en asuntos como el cambio climático, a los intereses de grandes compañías que financiaron la campaña electoral, la negativa a informar y rendir cuentas ante los ciudadanos utilizando de manera exagerada el secreto oficial, la introducción de la religión y los valores más reaccionarios en la cotidianidad de la acción pública presidencial, etcétera."

Según el analista, Al Gore es "un político preocupado por la degeneración que está experimentando la democracia en manos de un grupo de neoconservadores que no creen en los principios fundadores de Estados Unidos, primos hermanos de los de la Revolución Francesa, ni creen en la razón como elemento articulador de una sociedad libre. Unos reaccionarios cuya obsesión es movilizar las emociones convencidos de que la victoria rara vez se consigue con buenos argumentos."

No se trata del documental "Una verdad incómoda", sobre el cambio climático, sino del "asalto a la razón", que da título al libro en inglés, como el famoso libro del filósofo marxista George Lukács. "El nuevo planteamiento impulsado por los llamados neocons –según el analista de Babelia--, demuestra que cualquier sistema político basado en principios diferentes a la razón es, o acaba siendo, incompatible con la democracia y la libertad individual tal y como las entendemos y como las entendían los redactores de la Declaración de Independencia."

Asalto a la Razón, habla de un proyecto ideológico global de Bush, "vinculado a un pensamiento supuestamente posmoderno pero realmente antimoderno, elaborado para sentar las bases de la convivencia en principios distintos a los que fundamentan nuestras democracias actuales. Principios más injustos, porque defienden a los fuertes y ricos, más reaccionarios porque mueven sentimientos antes que argumentos, y menos éticos porque no se detienen ante la tortura, la mentira y la manipulación. Estaríamos ante el intento de imponer una nueva forma de poder político que, liberado de las restricciones y controles que definen a una democracia, se sienta impune para redefinir la realidad a base de propaganda, sacar adelante los intereses de quienes les patrocinan y sancionar con dureza al que discrepe. En la Roma de Cicerón o en la de Calígula ya ocurrió algo de esto. Pero creíamos superado el estado de la naturaleza a favor de una civilización basada en la razón y la ciencia, como antídoto frente a todo tipo de fundamentalismos. ¿Ingenuos? Lean el libro y hablamos." Así termina el analista.

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