Che y feti-Che

Ramón Rocha Monroy

octubre 15, 2007Publicado el: 3 min. + -
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Ya Herbert Marcase se quejaba de la sociedad de consumo, que había convertido incluso símbolos revolucionarios en fetiches. Iván de la Nuez, ensayista cubano, escribió en El País, de Madrid, un ensayo muy interesante sobre esta conversión del héroe por excelencia de nuestros tiempos en icono pop, cuyos atributos son lo contrario de lo que el Che sostuvo en vida. Veamos.

El Che escribe: "Ésta es la historia de un fracaso" al iniciar su Diario de guerrilla del Congo, pero su hija, la prologuista, dice que es "la narración de una victoria". El Che se calificó alguna vez como "una fría y selectiva máquina de matar"; lo curioso es que hoy no hay campaña pacifista en el mundo sin su rostro flameando en alguna bandera. El Che fue un enemigo acérrimo del capitalismo, pero las corporaciones ganan mucho dinero con su imagen. Al Che no le intgeresaba el típico héroe americano -su modelo era Garibaldi y llegó a postularse como un "pequeño condottiero del siglo XX"-; sin embargo, Hollywood lo ha personificado con Omar Sharif, Antonio Banderas, Gael García y, próximamente, Benicio del Toro. En El socialismo y el hombre en Cuba postuló un arte al servicio del pueblo, pero estrellas del pop, como Annie Leibovitz, Vik Muniz o Pedro Meyer, lo utilizan para vender miles de discos. Los billetes cubanos llevan una firma curiosa: "Che", el apodo del héroe, y predijo el fin del dinero, pero hoy su rostro circula en billetes y monedas. Fue ateo confeso y aun dijo –según el ensayista cubano-- que él era el Anticristo, pero una exposición titulada Passion, en Italia, incluye su foto de muerto y David Kunzle le ha llamado "Chesucristo" en un estudio sobre las representaciones místicas de su figura. Su prototipo de ser humano buscaba un hombre nuevo sin vicios, pero un coffee shop de Amsterdam, gana dinero con el rostro del Che que aparece bien fumado y con los ojos perdidos...

Este no es un tema nuevo. La crítica inglesa Trisha Ziff está desarrollando el proyecto Che: Market and Revolution, con unas trescientas piezas, firmadas y anónimas, que comercializan la mayor de las imágenes del Che: la foto que le tomó Korda el 5 de marzo de 1960 en La Habana, que para todos es una imagen muy familiar. Es la imagen que llevaba Carlos Santana en la polera, en plena ceremonia de los Oscar, y que fue criticada por Paquito D'Rivera.

Abundan las ilustraciones y sellos con imágenes de Homero Simpson o Marilyn Manson, pero la imagen del Che es el tatuaje preferido por Maradona y Mark Tyson, y es el motivo de la medalla que ostenta Johnny Depp en la portada de Life, o la que lleva Giselle Bundchen en la diminuta delantera de su tanga. El ensayista que comentamos dice que, en medio del exilio cubano, es posible encontrar más imágenes del Che que en La Habana o Santiago de Cuba; pero no son invocaciones al sacrifico o la inmolación, sino al festín comercial de de la sociedad de consumo, en el cual unos pocos ganan miles de millones de dólares.

El ensayista recuerda que era en Berlín occidental, y no en el Berlín comunista, donde se vendían más objetos del Che, como que hay una tienda dedicada exclusivamente al héroe argentino cubano. En suma, el ensayista cubano se pregunta: Una maquinaria tan cínica que fue capaz de convertir al Che en fetiche, ¿será ahora tan torpe que convertirá al fetiche en Che? ¿Le devolverá su intención revolucionaria? Y la izquierda, ¿llegará a prohibir su imagen para evitar que se convierta en fetiche del capitalismo?

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