Sobre la paternidad del charango

Ramón Rocha Monroy

septiembre 28, 2007Publicado el: 3 min. + -

Mi finado carnal Alfredo Medrano, hoy Corresponsal en el Más Allá, fue el defensor más consecuente y constante de nuestro patrimonio cultural y el animador de múltiples rescates de instrumentos, tradiciones, temas musicales y platillos en sus célebres Coloquios. Razones teníamos para esperar una nota suya sobre las desventuras del charango boliviano, a quien al parecer quiere reconocer el Perú como parte de su patrimonio. Alfredo animó el Festival del Charango, en Aiquile, prácticamente desde la primera edición, y me consta que tocaba ese cordófono criollo con particular habilidad y cantaba letrillas graciosas. De lo poco que he podido escuchar, pues las comunicaciones con el Más Allá tienen diabólicas interferencias, voy a compartir con ustedes estas frases:

"Querido hermano: justamente lamentaba en estos días no haber partido a estas etéreas regiones con el charanguito que tenía en casa junto a la acordeola que ojalá mi hijo Vichito aprenda a tocar, cuando intercepté el Internet para enterarme que el Instituto Nacional de Cultura del Perú acaba de declarar patrimonio cultural de la Nación al charango, considerado como un "instrumento panandino de indudable trascendencia en la historia musical del Perú". Desconozco los argumentos de los charanguistas del Perú para considerar suya esta guitarrilla panandina, hija natural de la vihuela española con algún hualaycho originario,alegre y potosino. Dudo que en el Perú haya la variedad de charangos que existe en Bolivia. ni la antigüedad certificada de ellos que se remonta al siglo XVIII, cuando los indios potosinos utilizaban el caparazón del quirquincho y maderas como la sotomara, el naranjillo, la chachacoma, el algarrobo, la mara y el tarko para fabricar charangos. Chico era pues yo y no me acuerdo mucho, pero las cuerdas eran de tripa de cordero; las afinaciones eran múltiples y hasta hoy la variedad de formas se extiende desde el norte de Potosí por Sucre, Vallegrande y Aiquile. Entre los temples, no me va a dejar mentir mi tocayo Alfredo Coca, que existe uno para cada festividad, como la Pascua, el Carnaval, Todos Santos y otros. Así hay temple normal, diablo, cruzado, romano, quimsatemple y maolín, entre los que todavía recuerdo.

Las fachadas de los templos coloniales de Potosí tienen sirenas con charango. Así la portada de San Lorenzo, la de Salinas de Yocalla y la de San Francisco, en La Paz. Hay ilustraciones muy antiguas que muestran soldados y estudiantinas con charangos. Las regiones mineras de Uncía, Llallagua, Cala Cala y Siglo XX eran escenario propicio para escuchar múltiples thalachis de caja alta, mediana y baja. El maestro Mauro Núñez fue el cronista de la familia del charango, y clasificó tres tipos: el más grande o rokhongo, el mediano o charango propiamente dicho y el hualaycho, el más chico. En Cacachaca (Oruro), Norte Potosí, Sur de Oruro y Cochabamba se toca los qongotas; el charango vallegrandino es de 6 cuerdas y 4 órdenes; el charango fandanguero es de Nor Cinti-Chuquisaca; el guitarrón de Lequepalca (Oruro) tiene 15 cuerdas y 5 órdenes. No es pues asi nomás apropiarse la guagua de otro y reconocerla como propia. Ya vamos a inventar un examen de ADN cultural para corroborar nuestras afirmaciones."

Con estas y otras consideraciones, nuestro Corresponsal en el Más Allá termina su nota recomendándonos apoyar al maestro Alfredo Coca en la defensa de la paternidad responsable del charango boliviano.

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