¡Pssst!

Ramón Rocha Monroy

agosto 24, 2007Publicado el: 3 min. + -
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Esta semana fui a la inauguración de la muestra "Leyendo imágenes", que preparó el Espacio Simón I. Patiño, de Santa Cruz. Roxana Moyano reunió la obra de cuatro pintoras y cuatro escritores que escribimos textos a propósito. Me tocó Mónica Murillo, paceña, muy joven, de quien tengo dos obras maravillosas. Está pintando una estética de la desdicha, de la soledad. Es pasmosa la fuerza expresiva de mi amiga Moni: los desolados personajes de su obra actual, están solos, no tienen palabra, les han borrado la boca y no tienen alas. Es una obra mayor, madura, intensa, que hoy se exhibe en Santa Cruz y a fin de mes irá a Buenos Aires y a Santiago de Chile. Feliz iniciativa de la directora, a quien envío mis más cordiales saludos. Ese es el texto que comenta la obra de Mónica.

¡Pssst!

¡A ti te hablo! ¿Qué te pasó? ¿Ya te miraste al espejo? No tienes boca. Te la borraron del rostro y, con ella, te quitaron la palabra. Mira a los dómines que te controlan: tienen sellados los labios.

De este lado, habitas el mundo del silencio y el orden, donde todo está clasificado, encasillado, archivado en grises anaqueles a los cuales asomarse es un bostezo.

Pero si te das la vuelta, del otro lado de la ventana, el niño cabalga al pez, y la Loca de la Casa te abre sus brazos maternales.

¿Cómo puedes pasar de este mundo gris a ese mundo de luz? Cuando descubras que la luz está en ti, cuando te animes a hacer un viaje hacia ti mismo, para encontrar el cofre de tus percepciones, allí donde se revuelven en alegre desorden los mensajes de tus sentidos, de tus intuiciones, de tus premoniciones, de tus conjeturas, de tus cavilaciones, de las imágenes que fabricas en tus sueños.

Es cierto, los dómines te vigilan, exigen que te ubiques, te obligan a quedarte de este lado. ¡Cómo le tienen miedo a la desubicación! De inmediato te llaman al orden.

-- ¡Ubícate, muchacho, ubícate!

Y pensar que es tan delicioso desubicarse… Basta dormir, basta soñar, basta extraviar la mirada en un punto donde esta realidad gris abrirá una grieta para acceder a esa ventana luminosa. Es nada más el ejercicio de papación de moscas. Papar moscas…

-- ¡Ajá! --dicen los dómines--. ¡Con que papando moscas!

Al principio, los viajes serán cortos: no resistirás la luz y la alegría de allende la ventana, y los dómines te harán señas urgentes, enérgicas, para que "vuelvas en ti", para que "entres en tus cabales", para que "no pierdas la Razón".

Luego los dómines abundarán en reproches porque te atreviste a conocer el paraíso perdido, el edén del goce, la patria de la picardía, la nuez donde nace el río de la risa.

Pero esos territorios están desubicados respecto de la Razón, del buen tono, de la conducta apropiada.

-- ¡Por favor! ¡Un poco de seriedad!

No te preocupes: ya te darás modos de burlarlos trayendo de contrabando imágenes, conjeturas, pulsiones, instintos, obsesiones, impulsos… y no tardarás en hacer de la Razón una amiga. La amiga que te permitirá tomar la luz y la alegría de allende la ventana y convertirlas en arte.

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