Hace tiempo publiqué en la Crítica de la Sazón Pura un artículo sobre la Influencia de la luna en la cocina. Me sorprendió encontrar en Internet el comentario de una lectora española a quien una amiga habría enviado ese mi artículo que ella califica como “un bonito ramillete de supersticiones”. Yo sostengo que la luna influye en el agua (fundamental para la cocción y para rehidratar algunos alimentos), en las hierbas y los ciclos agrícolas, en el ciclo menstrual, en los partos y en la mujer.

“La cocina como oficio femenino depende del humor de la mujer. Si le vino la regla, se le caerá la masa que debía madurar, o no esponjará debidamente el pan, o la jakalawa saldrá aguachenta. Si acaba de embarazarse, el ají de papalisa tendrá un sabor nuevo y desconocido. Si la mujer está con luna, la llajua le saldrá bravísima; y si está dispuesta a la fecundación, la comida tendrá su misky, su dulce pero en sentido quechua, es decir, su na, su este, esito que la hace deliciosa, inigualable. Un motivo más para amar cósmicamente a esas hechiceras lunares y misteriosas: las mujeres”, dice mi artículo; y aquí vienen los comentarios leídos en http://cierzo.blogia.com/2007/021901-sorprendida-quedome.php. 19/02/2007 18:21

Cada cual es muy libre de creer lo que quiera, faltaría más, pero, que yo sepa, los nacimientos de las personas se producen durante todos los días del año y con independencia de la fase en la que esté la Luna. / No conozco ningún caso de mujeres que, por compartir piso, tengan la menstruación en la misma fecha. / Cuando uno se imagina el caos primigenio, no sé si ve, mayoritariamente, un océano lleno de vida. Yo visualizo más bien una negra inmensidad sin vida, será que tengo poca imaginación. / La cocina no se reduce únicamente a la cocción de los alimentos. Ignoro la nacionalidad del autor del artículo, pero en la mayoría de países, se fríe, se asa, se guisa, se adoba, se ahúma… / Que la mujer no sea tan escrupulosa como el hombre a la hora de aplicar medidas en la cocina, se debe a la práctica y no a la influencia de la matriz. Todas empezamos a cocinar pesando, midiendo y contando, luego la experiencia nos permite algunas licencias: cambiar ingredientes en una receta, variar cantidades… Los hombres, cuando cogen el tranquillo, también se rigen por el ojo de buen cubero y por sus gustos personales. / El oficio de cocinero podrá ser una impostura o una usurpación de funciones, no obstante, la realidad nos demuestra que los cocineros más eminentes y de mayor prestigio son hombres. / La frase: “Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre”, tiene miga. Muchos tienen una madre negada para la cocina y recuerdan con añoranza los guisos de cualquiera, que eran mejor que las bazofias que preparaba su mamá. Por cierto ¿qué pinta el complejo de Edipo en esto? Un niño desea sexualmente a su madre y por lo tanto siente hostilidad hacia el padre. Como ni el deseo sexual ni la hostilidad hacia sus padres son aceptables para la sociedad, estos deseos son reprimidos (dejan de ser conscientes y pasan a ser parte del inconsciente)”. Freud dixit. / Cualquier mujer astuta sabe que al hombre se le amarra un poquito más abajo del vientre, pongamos por la entrepierna. / Si la menstruación consiguiera que la masa del pan no “esponjara”, supongo que todas las trabajadoras de Bimbo se tendrían que quedar en su casa durante “esos días”.