El tifón social

Ramón Rocha Monroy

julio 18, 2007Publicado el: 3 min. + -
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La historia reciente de Bolivia se parece a un tifón generado por dos fuerzas contrapuestas: el modelo neoliberal construido desde 1985 se desmorona, mientras una constelación de movimientos sociales asciende en la resistencia hasta tomar el control del Estado.

Un mundo viejo se derrumba mientras un mundo nuevo no acaba de nacer.

El tifón se ha generado en el choque de dos intentos: la demolición del modelo neoliberal por los movimientos sociales frente a los intentos de inserción del país al mundo globalizado.

Otra lectura nos diría que, de un lado, hay un impulso por la modernización y globalización del país; y del otro, un anhelo de restablecer formas de organización social tradicionales, propias de las culturas locales, celosas de la soberanía nacional y, a ratos, milenaristas. ¿Cuál de ellas acabará de imponerse?

El triunfo de Evo Morales en las elecciones de diciembre de 2005 inclinó la correlación de fuerzas a favor de los movimientos sociales.

Pero el antiguo régimen se parapetó en la "Media Luna", en la elección de Prefectos y en el movimiento por las autonomías departamentales.

A principios del 2006, Bolivia vivió con creciente intensidad una guerra de posiciones cuyo resultado era un empate inestable entre dos polos de poder: de un lado, el Gobierno central y los movimientos sociales, particularmente en el Occidente del país; y del otro, las Prefecturas y Comités Cívicos de la Media Luna, es decir, el Oriente del país.

El empate inestable entre ambos polos desencadenó una guerra de maniobras para tomar el hinterland de Cochabamba, la tierra intermedia cuyo control determina la consolidación de una u otra hegemonía.

A raíz de ello, el tifón social se posó en Cochabamba y se desarrollo veloz e indetenible durante las dos primeras semanas de enero de 2007.

El tifón se inició con la celebración de un Cabildo autonomista en la Plaza de las Banderas, de Cochabamba, el 8 de enero.

A ello siguió la ocupación de Cochabamba por los cocaleros del Chapare, la quema de la Prefectura y la huida del Prefecto. Y, por fin, el estallido de odio del 11 de enero.

Las fuerzas sociales escogieron, para su confrontación del 11 de enero, un territorio mítico que divide ancestralmente este espacio en 2 suyos, luego 2 cantones y 2 formas de vida: Itocta y Cala Cala; San Joaquín y Santa Ana, con la frontera en el río Rocha, y un objetivo táctico: cruzar el Puente de Cala Cala.

Esas fuerzas sociales se ubicaron el ojo de la tormenta. Hay que medir la relación entre espontaneidad y dirección consciente del movimiento.

Como dice un mito ajeno, dos reyes enemigos juegan al ajedrez, mientras en un valle cercano sus ejércitos luchan y se destrozan. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oírlos o, inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro.

Gradualmente se aclara que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego. Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero, porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia: Tu ejército huye, has perdido el reino.

¿Quiénes son los reyes?

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