De la intimidad, la falta de énfasis

Ramón Rocha Monroy

julio 9, 2007Publicado el: 3 min. + -
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Gracias a mi carnal Ariel Gamboa puedo hojear, desde hace un par de días, los diarios de Adolfo Bioy Casares publicados en 1.680 páginas de edición póstuma, y todos dedicados a preservar la memoria de Borges, como que así se llama el libro y realmente no podía llamarse de otra manera. Es inevitable recordar el caso de Eckerman, devoto de Goethe, que consagró su obra más conocida a recordar sus conversaciones con el genio germánico: que alguien, no importa si de la talla de Bioy Casares, dedique medio siglo a registrar las frases, los dichos, los amores, las enfermedades de otro, es un ejemplo sublime de amistad.

El Borges que preservan los diarios de Bioy Casares es un personaje extremadamente humano, agudo, risueño, escéptico, ávido de tertulias inteligentes, íntimas y, por tanto, desprovistas de énfasis, en las cuales abunda la frase popular escuchada en el subte, en el taxi, en la peluquería o en boca de las bellas mujeres que rodearon la vida de ambos personajes.

Ese Borges íntimo es polémico. En público, quizá no hubiera repetido algunos juicios que afectan a los lugares comunes, a los grandes santones, a los grandilocuentes. Dos reflexiones sobre el tema. La primera: algunos escritores vanguardistas sólo valen por los comentarios que les dedican críticos y teóricos. Uno los lee directamente y son pobrísimos. Dice BORGES: "No sé por qué La Metamorfosis es tan famoso. No parece de Kafka.". Dice BIOY: "Leemos páginas de Sade, realmente toscas y tontas". ¡Claro! Hay páginas que sólo se sostienen por el recurso de la provocación: no seducen a nadie, y un buen escritor, lo que quiere, es seducir. Nos llenamos la boca con el nombre de Kafka y dificultamos la posibilidad de separar la paja del grano, pues es evidente que El Proceso o El Castillo es superior a la delgada trama de La Metamorfosis. ¡Pero quizá no nos hubiéramos dado cuenta si no nos lo sugería Borges! Del mismo modo, nos deslumbra el ensayo de Octavio Paz dedicado a Sade, y quizá resulte mejor quedarnos ahí, como si Sade fuera un personaje de ficción, y no acercarnos a su obra, que es un bostezo de hambre y de frío. ¡Pero lo decimos hoy, después de conocer el juicio de Bioy Casares!

Memorable la costumbre de Borges de mirar el otro lado de la moneda. Por ejemplo, al hablar de los germanos, dice que ellos no tenían la obsesión de su cultura, pues en Normandía se hicieron franceses, y en Inglaterra, ingleses. "Tal vez inspirados por la "Germania" de Tácito, los alemanes, que no saben casi nada de su mitología ni de sus orígenes, se aferran a la idea del germanismo", es una frase que Bioy le ha escuchado a Borges. Y éste continúa: "Es bastante patético: ellos, que fueron el campo de batalla en que se encontraron todos los ejércitos del mundo, la encrucijada, el quilombo del mundo, hablan de raza pura." ¡Jamás había leído antes un juicio tan radical sobre la temible cultura germana!

"Borges", de Adolfo Bioy Casares (Ed. Destino, Buenos Aires, 2006), contiene diarios de 1947 a 1989, precedidos por un apunte del período 1931-1946. ¡Toda una vida!

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