El huso de la política

Ramón Rocha Monroy

julio 6, 2007Publicado el: 3 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

¿Quién teje fino las maniobras políticas? ¿Quién mueve los hilos de las marionetas que mueren y matan? ¿Quién apronta las fichas, las aperturas y defensas, la guerra de maniobras y la guerra de posiciones? ¿Quién obra de portero y guía de la muerte?

Edwin Morgan cuenta la siguiente tradición:

"…Dos reyes enemigos juegan al ajedrez, mientras en un valle cercano sus ejércitos luchan y se destrozan. Llegan mensajeros con noticias de la batalla; los reyes no parecen oírlos o, inclinados sobre el tablero de plata, mueven las piezas de oro. Gradualmente se aclara que las vicisitudes del combate siguen las vicisitudes del juego. Hacia el atardecer, uno de los reyes derriba el tablero, porque le han dado jaque mate y poco después un jinete ensangrentado le anuncia: Tu ejército huye, has perdido el reino."

La recogen Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo en su Antología de la Literatura Fantástica, publicada por Editorial Sudamericana.

¿Nos habrá ocurrido lo mismo en la guerra del agua? ¿En Octubre Negro? ¿En Huanuni? ¿El 11 de enero?

La clave del ajedrez consiste en controlar el centro. Inevitable pensar en Cochabamba, un hinterland entre los dos polos de poder ubicados en el Occidente y el Oriente ahora ampliado en una media luna. De pronto, elmovimiento autonomista decide sustituir la guerra de posiciones, que mantiene estancado el conflicto en un empate catastrófico, por una guerra de maniobras para controlar el centro del tablero. En las elecciones de diciembre de 2005, un alfil blanco se come al alfil negro y controla el tablero. ¿Qué hace el rey que controla las fichas negras? Mueve a los peones, que atacan e incendian la torre? Luego hay una acumulación de fichasen el centro y alguien patea el tablero. ¿Alguno de los reyes ha perdido su reino? Al parecer no, pero ambos vuelven a la guerra de posiciones. No hay jaque mate, hay tablas pero el conflicto está latente.

Ha quedado el malestar. Ni la imaginación más volátil ha imaginado los ayes de los peones heridos y moribundos. Nadie ha registrado los relinchos de muerte de los caballos ni las imprecaciones de los alfiles abatidos. No hay poeta que haya transcrito las preocupaciones del rey o los cambios de humor de la dama, pero cientos de estrategas han codificado aperturas y defensas, gambitos, enroques y jaques, y formas de terminar victorioso una partida o hacer tablas.

¿Cuándo nació la política? ¿Al mismo tiempo que el ajedrez? ¿Hasta dónde llega la espontaneidad de las fichas y hasta dónde las astucias de quienes manejan las fichas? El ajedrez no es un juego de azar, es una disputa de dos inteligencias. ¿Hasta dónde la inteligencia y hasta dónde el azar en la política? Algo en común: la posibilidad del error, de la jugada fatal, de la maniobra imprevista del rival, de los movimientos obligados, ineludibles, de la angustia por buscar las tablas.

Atrás