(TNI).- La arremetida de las elites empresariales y de la oposición contra la política comercial de Bolivia con la UE fue tan sonada que parecía que el país hubiera anunciado el fin del comercio exterior. Sin embargo, la postura del Gobierno boliviano se basa en la experiencia; durante décadas, la mayoría de los ciudadanos ha pagado un precio demasiado alto por el libre comercio.

Las críticas fueron duras y no se hicieron esperar. El Gobierno boliviano “se encamina a un suicidio comercial”, declaró el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), añadiendo que era “una de las gestiones más desafortunadas de los últimos tiempos en materia de integración”. (1)El diputado de la oposición Rodrigo Paz manifestó que las acciones del presidente Morales llevarían a “la pérdida de un mercado de más de 400 millones de personas”. (2)El diario boliviano La Razón concluía que, en el país, “poco a poco, se van cerrando las puertas de los mercados de consumo del mundo”. (3)

Estas arremetidas verbales fueron lo bastante punzantes como para dar la impresión de que Bolivia había anunciado el fin del comercio exterior. Sin embargo, todo lo que había hecho el Gobierno era explicar que, en las negociaciones para un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, no estaba dispuesto a incluir cuestiones como la propiedad intelectual, las adquisiciones estatales, el arbitraje internacional sobre inversiones y los servicios públicos.

El Gobierno boliviano realizó estas declaraciones en una reunión celebrada en La Paz a fines de mayo de 2007 entre representantes de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) y la UE (Unión Europea). Estos dos bloques regionales han estado trabajando sobre las condiciones para el inicio de negociaciones de un Acuerdo de Asociación, desde que se reunieran en Guadalajara en 2004. En respuesta, Perú y Colombia amenazaron con proseguir las negociaciones por su cuenta, a menos que Bolivia flexibilizara su posición.

¿Postura ideológica o manipulación de las ONG?

Para Perú, Colombia y las elites empresariales, la decisión de Bolivia no era más que “una postura ideológica”. Gary Rodríguez, del IBCE, comentaba: “Despreciamos un mercado de 500 millones de personas como el de la UE porque algunos no se sienten capaces de negociar nuestros intereses. ¿Todo el mundo está equivocado cuando quiere negociar con los EEUU y la UE?”.(4)

A pesar de ello, la postura de Bolivia no era precisamente de oposición al comercio. El Gobierno no estaba manifestando su intención de frenar el intercambio de bienes, que es lo que normalmente se entiende por comercio. La exigencia de excluir cuestiones en materia de inversiones y adquisiciones estatales o contrataciones públicas ha sido, de hecho, una postura compartida por la gran mayoría de gobiernos del Sur ante la Organización Mundial del Comercio durante años.

Además, el Gobierno boliviano había dejado muy claro que estaba interesado en las negociaciones comerciales, pero siempre que éstas se basaran en principios de solidaridad, complementariedad y justicia. Teniendo en cuenta que la economía boliviana es mil veces más pequeña que la de la UE, la derecha nacionalista del país debería apoyar esta demanda de reglas desiguales que favorezcan a Bolivia.

La derecha prefiere la retórica al análisis

En realidad, eran las elites empresariales bolivianas y la oposición política las que se movían por pura ideología. Cuando se puso el grito en el cielo por la pérdida de un mercado de millones de personas, apenas se recordó el hecho de que Bolivia ya tiene unas preferencias comerciales garantizadas con la UE hasta 2014 ni que, a pesar de las preferencias comerciales existentes, la UE sólo recibe el 3% del total de exportaciones bolivianas. La UE, por lo tanto, no es un mercado muy significativo para Bolivia.(5)

Tampoco se hizo mención alguna al importante historial de la UE con unos acuerdos muy parecidos al que está proponiendo a la CAN. Y ese historial, como bien recoge un informe publicado recientemente por el Transnational Institute (TNI), augura unos resultados muy modestos para países de bajos ingresos como Bolivia. México firmó un Acuerdo de Asociación con la UE que entró en vigor en 2000. Siete años después, el déficit comercial de México casi se ha duplicado hasta alcanzar los 16.900 millones de dólares estadounidenses, y el país prácticamente no ha diversificado sus exportaciones, mientras las multinacionales europeas se han embolsado unos beneficios históricos. Gracias al monopolio del que gozan las multinacionales en el sector de la banca, por ejemplo, el banco español BBVA ha visto cómo sus beneficios se disparaban un 90% en México, comparado con el 11% de España. (6)

Además, hay pocos indicios que sugieran que la UE haya abandonado su principal objetivo, es decir, perseguir sus propios intereses comerciales. De hecho, puede que su línea en este sentido se haya endurecido. En octubre de 2006, la UE presentó un documento estratégico titulado Una Europa competitiva en un mundo globalizado, en el que expone sin ningún tipo de rubor una agresiva agenda comercial pensada para abrir más mercados a sus transnacionales y alcanzar el “mayor grado posible de liberalización comercial, incluidos los ámbitos de servicios e inversiones”. (7) En teoría, esta condición es recíproca, pero si ni siquiera México es capaz de beneficiarse de ella, es improbable que a Bolivia, cuyos presupuestos nacionales representan menos de una cuarta parte de los beneficios de British Petroleum en 2006, le vaya mucho mejor. (8)

La experiencia de Bolivia con el verdadero libre comercio

Bolivia tiene ya una larga experiencia con las políticas de libre comercio, y el Gobierno sabe que éstas pueden tener consecuencias desastrosas. A partir 1985, sometido a las presiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, el país abrió las puertas de su economía, liberalizando muchos sectores, privatizando recursos estratégicos como el gas y el petróleo, y firmando 24 acuerdos bilaterales –principalmente con países industrializados– en materia de protección de inversiones. Los resultados, en general, no fueron el crecimiento económico y la reducción de la pobreza prometidos, sino un crecimiento limitado (una media del 2% anual per capita) y un aumento de la pobreza económica y las desigualdades. (9)

El caso de la guerra del agua en Cochabamba proporciona otro evidente ejemplo de los problemas que puede acarrear el libre comercio. Las condiciones impuestas por el FMI obligaron, entre otras cosas, a privatizar los servicios de agua de esta ciudad, cuya gestión fue asumida por la empresa estadounidense Bechtel. A raíz del aumento astronómico de los precios y de los intentos de apropiarse de los sistemas de agua comunitarios, se desató una revuelta popular que acabó con ‘el despido’ de la empresa. Bechtel, un gigante empresarial con sede en California, se vengó entablando una demanda contra el Gobierno boliviano por la que pedía una indemnización de entre 25 y 100 millones de dólares estadounidenses. Y lo hizo a través de un tratado bilateral de inversiones, no con los Estados Unidos, sino con los Países Bajos (país donde tiene registrada una sede con estos fines), que le permitía exigir compensaciones no sólo por las inversiones efectuadas, que representaban menos de un millón de dólares estadounidenses, sino por los beneficios previstos en el futuro. “Aquí, tenemos que pagar incluso por los sueños de las multinacionales”, comenta al respecto Elizabeth Peredo, del Movimiento Boliviano por la Soberanía y la Integración Solidaria de los Pueblos.

Los efectos de estas políticas no sólo se han dejado sentir en la pérdida de ingresos o de control del Estado boliviano, sino en la vida cotidiana de sus ciudadanos. En noviembre de 2006, viajé a la frontera entre Bolivia y Perú. Allí, bajo un intenso cielo azul, tuve la oportunidad de hablar con Martín Nina e Inocencio Apaza, dos campesinos con el rostro bañado por el implacable sol andino. Martín Nina había visto cómo su poder adquisitivo se reducía a la mitad a mediados de los años ochenta, cuando se puso fin al control de los precios y se liberalizó la importación de alimentos; Inocencio, por su parte, tuvo que cerrar su modesto negocio textil cuando ya no pudo competir más con las importaciones, que dejaron los precios por los suelos. Según un exhaustivo estudio sobre la economía campesina de Bolivia realizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario en 2003, las políticas de libre comercio y ajuste estructural han desembocado en una “sistemática reducción de los ingresos agrícolas reales de los campesinos”. (10)

Cabe entonces preguntarse si tan sorprendente es que el presidente Evo Morales, al explicar los motivos que despertaban la inquietud del Gobierno, comentara: “Queremos decir a la región andina, a Europa y al mundo que la vida no puede ser una mercancía; la vida y nuestras medicinas naturales no pueden ser patentadas por extranjeros. Tampoco nuestros recursos naturales deben ser privatizados”. (11) De hecho, uno podría muy razonablemente cuestionar por qué Bolivia está planteándose negociar con la UE, dado el complejo entramado de intereses que difícilmente beneficiarán al país.

Plantando cara a la hegemonía neoliberal

El hecho de que el Gobierno boliviano esté negociando se debe en parte, sin duda, a la enorme presión a la que está sometido para demostrar que está buscando mercados y, por tanto, creando trabajos en Bolivia, donde el desempleo es una realidad que afecta a la mayoría de la población. El Gobierno también está librando una auténtica batalla contra las ideas neoliberales que, a pesar de ser combatidas constantemente, están firmemente arraigadas en el país, especialmente entre las clases medias. Éste es, al fin y al cabo, el país latinoamericano que, según el Banco Interamericano de Desarrollo, aplicó más a rajatabla las recetas del FMI y del Banco Mundial.(12)

Año tras año, Bolivia firmó declaraciones de intención con el FMI por las que se comprometía a recortar el déficit fiscal, privatizar todas las compañías y los recursos estatales, y ampliar el mercado a todos los ámbitos de la vida. Los principales accionistas del FMI y el Banco, como son Europa y los Estados Unidos, apoyaron esta línea aprobando nuevos préstamos y ayudas para financiar programas de ajuste estructural. Bolivia se encontró con que cada estaba más endeudada y dependía más económicamente de sus acreedores. Poco a poco, todos los activos y recursos estratégicos del país se fueron entregando a multinacionales como la española Repsol (la segunda mayor productora de hidrocarburos de Bolivia) y Telecom Italia (que controla la mayor compañía de telecomunicaciones del país).

Este traspaso de las riquezas de Bolivia a las transnacionales se vio evidentemente influido por el hecho de que gran parte de la elite dirigente se ha formado en universidades famosas por promover la ideología del libre mercado, como la Universidad de Chicago, donde estudió el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Otro sector de la elite se ha movido libremente entre el Gobierno, instituciones internacionales y gobiernos donantes. Dos antiguos empleados del Banco Mundial, Javier Nogales y Jacques Trigo, por ejemplo, se convirtieron en presidentes del Banco Central de Bolivia. Y varios ex ministros pasaron posteriormente a trabajar para el Banco Mundial, entre los cuales Alfonso Revello, el delegado presidencial designado para supervisar el programa de privatizaciones –o ‘capitalización’– del país entre 1993 y 1997. (13)

El ataque contra un sistema de poder que se desmorona

En 2006, el sistema se empezó a desmoronar cuando subió al poder un actor inesperado, el Movimiento al Socialismo (MAS), a medio camino entre el movimiento social y el partido político. Cambió entonces una gran parte de la elite dirigente –aunque no toda–, algo que ilustra muy bien un comentario que oí sin querer en una recepción que tuvo lugar poco después de las elecciones de diciembre de 2005 y que procedía de una mujer de clase media: “No me lo puedo creer. Es la primera vez que no tengo un familiar en el Gobierno”. Después, en marzo de 2006, Bolivia rescindió su acuerdo de derecho de giro (de standby) con el FMI por primera vez en más de 20 años, poniendo así fin al ciclo de condicionalidades que obligaban a las elites gobernantes y al país a aplicar un amplio programa de liberalización.

Sin embargo, la red de ex ministros de economía y otros cargos importantes de la administración no ha desaparecido; de hecho, como descubrí durante una investigación que realicé el año pasado, muchos de ellos han pasado ahora a trabajar como consultores para gobiernos extranjeros e instituciones internacionales. Cabe destacar, por ejemplo, que Julio Alvarado, uno de los principales críticos de la postura del MAS en el ámbito del comercio, ha trabajado como consultor para el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID) y, como uno de los principales negociadores comerciales con los Estados Unidos, recibió una importante financiación del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo. Gary Rodríguez, del IBCE, firmó en febrero de 2007 una “alianza estratégica para promover el comercio, la apertura de mercados y la capacidad competitiva de Bolivia” con USAID y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.

El comercio sustituye a la deuda como herramienta de dominación

Estas elites y muchos gobiernos extranjeros han descubierto que, a falta de la herramienta de la deuda, el comercio puede proporcionar un instrumento muy potente para intentar evitar que Bolivia vaya demasiado lejos en su resistencia al modelo neoliberal de libre comercio y crecimiento orientado a la exportación. El vicepresidente de Bolivia se ha visto obligado a viajar dos veces a los Estados Unidos para solicitar que se renueve una serie de preferencias comerciales –en virtud de un programa existente vinculado a la erradicación de drogas– del Gobierno Bush que vencen a fines de junio de 2007. Se calcula que de estas preferencias dependen hasta 35.000 empleos, principalmente en el municipio empobrecido de El Alto. (14) Hace poco, una delegación boliviana no tuvo otra opción que prometer que su acuerdo bilateral de inversiones con los Estados Unidos en materia de protección de inversiones seguiría siendo vinculante.

En el caso del Acuerdo de Asociación con la UE, se ha estado utilizando un juego de ‘garrote y zanahoria’ muy parecido. Mientras el embajador de España en Bolivia, Juan Francisco Montalbán, prometió mayores ayudas e inversiones si Bolivia firmaba un acuerdo, Gary Rodríguez, del IBCE, se encargó de mostrar el garrote recordando al Gobierno que las preferencias comerciales con Europa se debían revisar en 2008, y que éstas se podrían reducir si Bolivia no jugaba la partida según lo que se entiende que son las reglas del ‘libre comercio’.

De momento, el Gobierno boliviano ha conseguido mantener su postura y rechazar la firma de un tratado de libre comercio. En consecuencia, Bolivia consiguió obligar a Colombia y Perú a echarse atrás y aceptar unas negociaciones que reconozcan los temas ‘sensibles’ de cada país. Sin embargo, aún queda por ver si las conversaciones fracasan debido a las contradicciones que existen entre la visión alternativa de Bolivia y la carrera europea hacia nuevos mercados de su interés, si Bolivia recapitulará a causa de las presiones internas y externas para mantener su acceso a los mercados, o si la UE adoptará excepciones con respecto al país (que para ella representa un mercado insignificante) con el objetivo de obtener acceso a los mercados de Colombia y Perú.

La deuda solía ser la herramienta por antonomasia para mantener a raya a los países ‘en vías de desarrollo’, un papel que cada vez asume con mayor protagonismo el comercio. El quid de la cuestión es si nosotros, como ciudadanos comprometidos, estamos dispuestos a permitir que las normas del comercio vengan dictadas por los intereses de multinacionales a expensas de la gente corriente de todo el mundo, especialmente del Sur. O si podemos, quizá, beber de esa fuente de inspiración que es la idea del Gobierno boliviano de construir un ‘comercio de los pueblos’ que no dependa de los gobiernos y las grandes empresas, sino de verdaderas conexiones e intercambios entre los pueblos del Sur y del Norte.

Fuentes:

1 Está en riesgo mercado de la CAN, Hoybolivia, 4 de junio de 2007

2 Bolivia: Librecambistas al ataque, Redacción Bolpress, 8 de junio de 2007

3 El freno de Bolivia al acuerdo con Europa, La Razón, 5 de junio de 2007

4 Rodríguez, G. Ahora resulta que los europeos son malos, La Razón, 10 de junio de 2007

5 Comunidad Andina, Estadísticas

6 Aguirre Reveles, R. y Pérez-Rocha, M. The EU-Mexico Free Trade Agreement seven years on: A warning to the Global South, Alternative Regionalisms Debate Paper, Transnational Institute, junio de 2007.

7 European Commission, Global Europe: Competing in the World, octubre de 2006

8 Higher safety costs hit BP profit, BBC News, 6 de febrero de 2007

9 Weisbrot, M. y Sandoval, L. Bolivia’s Challenges. Washington: CEPR, marzo de 2006, p. 3

10 Pérez Luna, M. Apertura comercial y sector agrícola campesino: la otra cara de la pobreza del campesino andino. La Paz: CEDLA, noviembre de 2003, p. 62

11 Morales admite discrepancias con Perú, Colombia y Ecuador, La Razón, 3 de junio de 2007

12 Lora, E. Structural Reforms in Latin America: What has been reformed and how to measure it, Inter-American Development Bank Working Paper No. 348, 2001

13 Fernández Terán, R. FMI, Banco Mundial y Estado Colonial: Poder supranacional en Bolivia. La Paz, mayo de 2003, p. 69

14 ‘Empleo y percepciones socio-económicas en las empresas exportadoras bolivianas’, La Paz: UDAPE, abril de 2006, p. 52