Un año más para la Constitución

Ramón Rocha Monroy

junio 24, 2007Publicado el: 3 min. + -
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A principios de marzo ya habían voces que anunciaban una prórroga en las sesiones de la Asamblea Constituyente apuntando inclusive a una gestión previsora para ampliar por un año más la asistencia financiera bi y multilateral con este objeto.

En declaraciones casuales sobre el tema, invariablemente insistí en los siguientes puntos:

1. Pronto cumpliremos dos siglos de existencia como República y, en el último medio siglo, ha habido poderosos movimientos sociales que pugnan por expresarse.

2. Después de dos siglos y con tantos cambios económicos, políticos y sociales, es natural que discutamos la configuración del país.

3. Esa discusión no es fácil, pues junto a la gente reflexiva (incluso aquella que cree ser reflexiva y en el fondo esconde prejuicios de clase) hay otros que solamente defienden intereses corporativos, unos al servicio de las grandes corporaciones, otros al servicio de emprendimientos nacionales y otros en defensa de sectores populares.

4. La mayor parte de los asambleístas pertenece a sectores populares que no han tenido acceso a la educación superior, mucho menos a maestrías y doctorados y, en algunos casos, probablemente ni al bachillerato, sin que esto los descalifique en su legítima representación que no viene del marketing político sino del mandato legítimo de sus respectivas comunidades.

5. Otros asambleístas parece que quisieran pertenecer a la Cámara de los Comunes, al Parlamento noruego o al Legislativo suizo, suponiendo que estas instancias sean las más democráticas y caballerosas del mundo entero; pero no perciben que el país poco ha hecho por educar a los sectores populares pero ni siquiera alfabetizarlos, sin que ello reste la importancia de las estrategias económicas, políticas y sociales que han desarrollado en defensa de sus comunidades.

6. A ratos parece que nos acercáramos como país a una conflagración atómica; sin embargo, percibo cierta astucia histórica que nos permite retroceder a tiempo para negociar.

7. En estas condiciones, nada mejor puede ocurrirnos que prolongar los debates de la Asamblea Constituyente tomándonos el tiempo que sea necesario para concertar en torno a temas tan conflictivos, pues se trata de conciliar fuerzas históricas paralelas o francamente divergentes por cerca de dos siglos.

8. Al margen de los discursos imprudentes en uno y otro lado, deberíamos prestar más atención a los procesos estructurales, subterráneos y, por eso mismo, duraderos. El país no se ha construido con alharacas, discursos de hora cívica, provocaciones y baladronadas, sino con procesos lentos y subyacentes. Lo que no puede la política lo arregla la historia; lo que no puede la historia lo arregla la geografía. Somos un país extraordinariamente integrado en términos históricos y geográficos antes que discursivos o políticos. Unas y otras regiones son interdependientes y cualquier mutilación podría derivar, ante todo, en la muerte del miembro seccionado. ¡Así que no comamos ansias! ¡No perdamos la serenidad! Como decía el viejo revolucionario italiano: Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad.

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