No hay temas chicos

Ramón Rocha Monroy

junio 17, 2007Publicado el: 3 min. + -
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Escribir es un acto de contemplación. Por eso exige silencio, serenidad, abstraerse del mundo y hundirse en el interior de uno mismo, allá donde está el arcón donde guardamos las percepciones de la realidad que nos rodea.

Inventar mundos y criaturas suele ser interesante y hasta genial. Basta leer Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, según Borges, su traductor, la Biblia de la ciencia ficción). Pero los mejores cuentos fantásticos, particularmente los cuentos breves, son simples RUPTURAS de un orden cotidiano y real. En el fondo, hay demasiada riqueza en el mundo real como para recurrir a la pura invención, más aún si nuestra percepción transforma esos contenidos reales.

Usualmente la poesía tiene fórmulas extraordinarias de ejercicios de contemplación. Eduardo Mitre ve en una cabeza de repollo la cabecita de un niño en la pila de bautismo. El poeta peruano José Watanabe parece haber heredado la capacidad de contemplación mística de los orientales que escriben haikús. Ramón Gómez de la Serna inventó las greguerías, como ejercicios de contemplación más humor.

Un buen ejercicio es tomar cualquier cosa cotidiana y sencilla y contemplarla varios minutos, con serenidad. Es seguro que se nos ocurrirá algo: un lápiz parece un bailarín alto y fino que agita con el pie una cinta negra interminable.

EN LITERATURA, ERES TÚ Y EL UNIVERSO. ERES ÚNICO.

Compárate sólo contigo mismo; no entres en competencia con nadie ni menos te creas un genio. Ten la seguridad de que tu percepción de la realidad es única e irrepetible SI CONTIENE DETALLES, MUCHOS DETALLES, pero no SI SÓLO HABLAS GENERALIDADES Y LUGARES COMUNES. Tienes que vivir atento a tus tics, a tus gustos secretos, a tus manías, a tus olores, a tus gestos en soledad frente al espejo, a tus temores y tus odios y tus amores ocultos, a tus sentimientos no manifiestos.

Veamos algunos ejemplos.

ARROZ

István Orkeny

--Arroz ¡Te traigo una carta!

Me llama arroz. Nosotros no tenemos nombre, ¿para qué? Sólo a dos tipos de queso, a dos tipos de pasta de dientes o a dos novelas hay que darles nombre para poder distinguirlos. Pero ¿a dos granos de arroz? Abrí la carta, le eché un vistazo y se la devolví.

Yo sólo soy un grano de arroz, pero no me gusta que me confundan con otros.

FENÓMENO

István Orkeny

Un corcho que no se distinguía en nada de los demás corchos (dijo que se llamaba Sándor G. Hirt, pero ¿qué significa un nombre? N nombre no significa nada) cayó al agua.

Durante un rato estuvo flotando en el agua, como era de esperar, pero después pasó algo muy extraño. Se fue hundiendo poco a poco, llegó al fondo y no volvió a aparecer nunca más.

No hay explicación.

EL PESO DEL MUNDO

Peter Handke

La muchacha explicaba: Seguí a un hombre en el metro y a cada estación me iba sintiendo más hermosa. Cuando él me habló, yo ya era inaccesible de tan guapa. Estos son algunos de los contenidos que compartimos en el Taller de Estrategias Narrativas del Restaurant NA CÚNNA (Av. Salamanca, casi Lanza). ¿Cuándo te enganchas? Consultas a rochamonroy@gmail.com. !Puedes hacerlo también por internet!!!

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