¿Dónde militaría Luis Espinal?

Ramón Rocha Monroy

junio 7, 2007Publicado el: 3 min. + -
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A Luis Espinal lo vi una sola vez, una noche de noviembre de 1979 en que llevamos el Semanario Aquí a un refugio clandestino en pleno golpe del Coronel Natusch. Yo manejaba una combi del Instituto Boliviano de Cultura que llevaba el precioso cargamento y a mi lado se sentaba mi finado amigo René Bascopé. Nos esperaba Espinal, Xavier Albó, Lupe Cajías, no recuerdo a otros, que eran varios, y nos apuramos en compaginar el semanario que jugó un papel importante en la resistencia contra el golpe militar. Meses después, Luis Espinal estaba muerto, como lo está René, como murió mi carnal Alfredo Medrano y tantos otros.

A estas alturas, me pregunto: ¿Qué haría hoy Luis Espinal? ¿Qué haría René Bascopé? ¿Qué Jorge Baldivieso y Gonzalo Barrón y Artemio Camargo y Pepe Reyes y todos los compañeros que fueron asesinados en la calle Harrington? ¿Qué Carlos Montenegro, Sergio Almaraz, René Zavaleta, Marcelo Quiroga? ¿Qué Alfredo Medrano? Cuesta imaginarlos defendiendo los intereses de Brasil en nuestros hidrocarburos, o los intereses de Italia en nuestras telecomunicaciones, o los intereses de Suiza en nuestras fundiciones, o los intereses de España en nuestros ductos, o los intereses de los Estados Unidos en la erradicación de la coca. Ojalá no me desmientan, pero no me los imagino cultivando amigos en los barrios patucos de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija y sus alrededores.

Si volviera a publicarse el Semanario Aquí, ¿se haría eco de las críticas de la oposición al gobierno? ¿Podemos imaginar un titular del Semanario Aquí que diga: "Brasil lleva las de ganar", o "Italia hará respetar sus derechos sobre ENTEL", o "La Administración Bush doblegó a Evo", o "El FMI hará respetar sus instrucciones en Bolivia"?

Un amigo me dice que los finaditos eran seres libertarios, y que no se comprometían con el poder. Pero, ¿se hubieran comprometido con la oposición?

Otra preguntita: ¿de qué extracción social eran ellos? ¿De clase media? ¡Claro! Razón tiene Loyola Guzmán al decir que la clase media boliviana ha pagado con creces su cuota de sangre, sudor y lágrimas a la liberación de nuestras clases oprimidas. ¿Qué pasó, entonces, que la clase media aflojó y arrió sus banderas de lucha? ¿Dónde está la pasta de antes? ¿La que no exigía ninguna recompensa? ¿Dónde está el ñeque de una, dos, tres, cinco generaciones que ayudaron a construir el país desde el seno de la clase media?

Invariablemente veo en las calles a los viejos luchadores que han sobrevivido, y no encuentro un tránsfuga, un próspero, un peine que viva de sus rentas. Todos sobrellevan su pobreza y su dignidad. Pero si sumáramos toda la energía vital que pusieron al servicio del país, quizá no necesitaríamos otros recursos energéticos. Y no piden nada. Ahí se están, como Boquerón abandonado, sin comando ni refuerzo. Con razón mi buen amigo Edgar Arandia los (y se) bautizó como los Beneméritos de la Utopía. Pero, ¿siguen ejerciendo de ex combatientes?

¿A quién apoyan ellos? ¿Piensan ahora en la acera de enfrente, o son herederos de la pasión y el compromiso de Espinal, de Bascopé, de Almaraz, de Marcelo, de Zavaleta, de los cumpas de la Harrington?

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