Cortázar y sus desventuras postales

Ramón Rocha Monroy

mayo 24, 2007Publicado el: 3 min. + -

Recibir cartas manuscritas es ya un gesto de otro tiempo que habita en el corazón de los románticos, aquéllos que alquilan una casilla tan sólo para recibir cartas de amor manuscritas. Pero ese gesto se va volviendo infrecuente.

En mi caso, he perdido valiosas amistades por no tomarme la molestia de escribir a pulso y dirigirme al correo. Pero gracias al correo electrónico, al entrañable Emilio, de día o de noche, uno se comunica con el universo.

Anoche me levanté como a las tres de la mañana, ingresé al baño, me senté al trono y maquinalmente tomé un libro. Un libro en esas circunstancias es un pasaporte para la evasión migratoria hacia otra realidad. La evasión migratoria en los baños.

La evasión generó una red invisible del azar, que me hizo rescatar una carta de Julio Cortázar a su amigo de juventud fechada en París cuando ni se sospechaba la posibilidad del correo electrónico.

¡Qué tiempos aquéllos! Una huelga de correos podía paralizar sentimientos, relaciones, disputas, negocios, acuerdos�El e-mail tiene la ventaja de ser inmune a los bloqueos, a no ser que el demiurgo que maneja el prodigio del Internet lo suspenda de un momento a otro, fenómeno que causaría problemas, desencuentros, soledades y quizá suicidios.

En la década del 50, Julio Cortázar escribió una carta ilustrativa a su amigo que quedó en la Argentina. Su contenido es un testimonio valioso para entender su concepción de la realidad y de la literatura, y, al mismo tiempo, un documento venerable, de otros tiempos:

"Antes de decirte por qué me es tan necesario escribirte esta noche, empezaré por confesar que probablemente esta carta será un absurdo total. Acabo de enterarme de que en el correo argentino hay 8.000.000 de cartas detenidas por una especie de huelga o cosa parecida, de modo que ésta será la 8.000.001, triste condición epistolar sin duda, y a lo mejor acaba en las sucias aguas de nuestro río color de león. Pero el absurdo es todavía peor porque hace diez días te mandé un gran sobre lleno de papeles, y lo más probable es que ese sobre sea el 7.999.999, razón por la cual debe existir un horrible hueco entre el 7.999.999 y el 8.000.001. Vos te das cuenta de que partiendo de presupuestos semejantes, uno se pierde directamente en el quinto carajo.

"Mi envío consistía en un sobre Manila con membrete UNESCO, e iba certificado y por avión. La mentaría que se hubiera perdido, primero porque vos vas a pensar que no me acuerdo de mis promesas (y la cosa es mucho peor aún porque como tampoco recibirás esta carta ni siquiera sabrás que la anterior se perdió, etc., con lo cual Kafka pasa a ser menos complicado que el propio correo argentino, lo que ya es decir algo). En fin, a lo mejor ésta te llega y no la otra, o la otra sí y no ésta, pero ambas hipótesis me alegran porque son menos siniestras que la doble exclusión de mi no menos doble envío. Advierto de paso que con esta manera de escribir, uno podría preguntarse por qué no estoy ya en el sitio de honor del Ateneo Social y Deportivo 'El arpa eólica' de Pergamino."

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