Virtualmente todos los analistas coinciden en que los Estados Unidos no podrán producir biomasa suficiente para autoabastecerse de energía; por eso están buscando acuerdos para cultivos energéticos en el Sur del Planeta. Esto ya ocurre en Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador y Paraguay, donde hay grandes plantaciones de caña, palma africana y soya, en lugar de los bosques y pastizales originarios.

La soya parece una bendición agrícola, pero es también una peligrosa plaga para el medio ambiente. En Brasil, ha causado la deforestación de 21 millones de hectáreas; en Argentina, 14 millones; en Paraguay, 2 millones y en Bolivia, 600.000. La presión del consumidor norteamericano hará que Brasil deforeste 60 millones de hectáreas adicionales. De 1961 a la fecha, el Brasil ha aumentado 57 veces el territorio usado para los cultivos de soya y el volumen de producción se ha multiplicado 138 veces. Por supuesto que más de la mitad de esa soya es transgénica. En Paraguay, donde la soya ocupa más del 25% de la tierra agrícola, la deforestación ha eliminado gran parte del bosque atlántico. Como no se cultiva con ciclos largos de rotación, la soya produce también erosión. En Brasil y Argentina, se estima que los promedios de pérdida de suelo oscilan entre 19 y 30 toneladas por hectárea, incluidas tierras frágiles y propensas a la erosión. En Argentina, se estima que el cultivo intensivo de soya ha llevado a un masivo agotamiento de los nutrientes del suelo: un millón de toneladas métricas de nitrógeno y 227.000 toneladas métricas de fósforo, cuya reposición a base de fertilizantes demandará 910 millones de dólares.

Según Fearnside, P.M. 2001. “Soybean cultivation as a threat to the environment in Brazil”, Environmental Conservation, “En Bolivia, la producción de soja se expande hacia el Este, en áreas que ya sufren de suelos compactos y degradados. 100.000 hectáreas de tierras agotadas, antiguamente productoras de soja, han sido abandonadas para pastoreo, lo que lleva a una mayor degradación (Fearnside 2001).

Estados Unidos ha llegado a importar el 58% del total de la producción de etanol del Brasil en 2006 y la relación se ha reforzado con el acuerdo suscrito hace semanas en la visita del Presidente Bush al vecino país. Los analistas opinan que la nueva demanda obligará al Brasil a incrementar su producción de etanol con una carga adicional de 135 billones de litros anuales. 60% de las tierras de cultivo de caña son controladas por 340 destilerías.

Como se ve, el nuevo contexto energético global es un factor concentrador del ingreso y del poder político. Ya los políticos brasileros ligados a la industria del etanol se han fijado como meta reemplazar un 10% del uso mundial de gasolina en los próximos 20 años. Esto demandaría subir de 6 a 30 millones de hectáreas la superficie cultivada de caña, es decir, quintuplicar la superficie actual destinada a ese fin.

La pregunta que volvemos a hacernos en esta tercera nota sobre el etanol es cómo un boliviano consciente puede defender el cultivo de etanol en nuestro territorio si cientos de analistas del mundo están advirtiendo sobre el múltiple impacto de este nuevo Leviatán que amenaza deforestar y devorar las tierras cultivables del Sur del Planeta.