El etanol, un negocio devorador

Ramón Rocha Monroy

mayo 5, 2007Publicado el: 3 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

La lectura de un analista boliviano sobre la conveniencia de sembrar masivamente caña de azúcar, soya, maíz y palma, para producir etanol, me ha parecido bastante desaprensiva en cuanto a preocupaciones medioambientales. En efecto, suena a negocio redondo ampliar la frontera agrícola en la zona cañera y soyera, en el Trópico de Cochabamba y en el norte paceño; pero cientos de estudiosos del mundo coinciden en advertir el desastre ecológico que se viene si arrasamos los bosques tropicales y convertimos buena parte del país en una mesa de billar basada en monocultivos y con uso masivo de pesticidas. La industria del etanol es un negocio devorador de materias primas, devorador de superficie de tierra, devorador del medio ambiente y devorador de los alimentos que necesita un mundo devorado por el hambre.

La industria del etanol es un engendro típico de la globalización capitalista que consiste en devorar energía a costa de las tierras cultivables del planeta.Así lo confirma, entre cientos de artículos, uno titulado "La tragedia social y ecológica de la producción de biocombustibles agrícolas en las Américas, escrito por Elizabeth Bravo y Miguel A. Altieri. Los biocombustibles están generando poderosas alianzas globales entre las industrias del petróleo, los granos, la ingeniería genética y la automotriz y así están decidiendo el futuro del paisaje agrícola mundial, según el citado artículo. El origen de esta hambre de energía está en las naciones afiliadas a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-OECD, que consumen el 56% de la energía del planeta. Ya han provocado el alza del precio del petróleo y las advertencias más angustiosas sobre su agotamiento, y entonces han generado la necesidad artificial de un combustible líquido que reemplace al petróleo. Los promotores de los biocombustibles dicen que ellos mitigarán el cambio climático por medio de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentando los ingresos de los agricultores, y promoviendo el desarrollo rural. Sin embargo, el costo parece ser irreversible, pues la reconversión de la agricultura a las necesidades de esta nueva industria a la larga será desastrosa para los agricultores, el medio ambiente, la preservación de la biodiversidad y para los consumidores, particularmente, los pobres.Me llama la atención que un analista boliviano salido de un medio particularmente celoso con la biodiversidad, la preservación de los bosques y del medio ambiente asuma como propios los argumentos que esgrimen las grandes corporaciones, tradicionalmente indiferentes a la suerte de miles de agricultores que serán desplazados, a la disminución de la seguridad alimentaria de los países pobres, a la deforestación y la destrucción del medioambiente en el Sur del planeta.La Administración Bush se ha propuesto expandir los biocombustibles para reducir su dependencia del petróleo que importa y que le significa $us. 75 billones anuales. Actualmente, la soya es el cultivo principal para fabricar el biodiésel, con 67 nuevas refinerías que son inversiones de las grandes corporaciones. Pero incluso con la totalidad de la cosecha de soya, apenas cubriría un 6% de la demanda nacional. Se trata de soya transgénica, producida por Monsanto para resistir su herbicida Roundup, hecho con el químico Glifosato, que provoca un aumento en los problemas de malezas resistentes y pérdida de vegetación nativa.¿Cómo se puede, desde Bolivia, esgrimir los argumentos de las corporaciones a favor de la producción de etanol?

Atrás