En memoria de Watanabe

Ramón Rocha Monroy

mayo 2, 2007Publicado el: 3 min. + -

Hace días comenzamos a lamentar la muerte del gran poeta peruano José Watanabe, cuya lectura, aunque su cuerpo haya cedido al cáncer, abrirá caminos de luz para las nuevas generaciones de poetas.

La prensa peruana seleccionó respuestas suyas registradas entre 2004 y 2006, sobre su ars poetica. Me interesa compartirlas con ustedes, porque son parte de una gran lección. "La primera versión sale fácil. Sale bajo ese estado que llaman inspiración", dice Watanabe. "Yo sí creo en ese estado especial en el que uno hasta siente que recibe palabras, que te dictan frases que vienen volando y se quedan ahí, solas. Pero eso es la primera versión, luego viene el proceso de corregir. Es lento, paciente, pero a mí me da más felicidad que escribir la primera versión." "Es allí donde te das cuenta de que estás jugando con un material tan maleable como es el lenguaje, tú tienes que forzar, fijarlo. Allí está la mano del poeta, pero no debe eliminar los impulsos y las cargas afectivas que llegaron con la inspiración."

Watanabe odiaba las moralejas: "Nada con la fábula. Sabes, la fábula no tenía moraleja. Esopo nunca las puso. La moraleja la pusieron los curas en la Edad Media. A mí me interesan solo en el sentido que permiten ingresar a un universo mítico, a alcanzar la parábola."

A propósito de la intensidad de su contemplación, decía: "En mi caso, está fuera y entra en relación conmigo, con mi sensibilidad, con mis lecturas, con mis pensamientos de solitario. Nunca he escrito un poema inventado. Soy un poeta naturalista y en esta medida cualquiera puede ver en el mundo tangible lo que yo veo, claro, si camina con una percepción más abierta."

No tenía vicios, se cuidaba mucho; no tenía fortuna y temía al futuro: "En mi generación éramos utópicos, creíamos en un cambio social del mundo. Queríamos la gloria, pero no para nosotros. Ahora veo que los jóvenes han vuelto a un individualismo furioso. Ellos no creen en las grandes utopías, sino buscan el nombre, subirse al pedestal, mientras más brille y más temprano suene, mejor. Ese vicio no debe aprenderse tan temprano. Buscar la fama los puede llevar a escribir cualquier cosa para alimentar ese vicio. Hay que ser más honesto con nuestro trabajo."

Un poema suyo habla de la sangre que huye del cuerpo: "Sí pues, me corté más o menos profundo haciendo manualidades. Salió un chorrito. Yo me puse a pensar qué extraño, lo único que sale de nuestro cuerpo es la sangre, y si sigue saliendo pues te mueres. Allí nació el poema, que la sangre puede salir al mundo pero ya sabe cómo comportarse en el mundo, porque así como cruza los ventrículos, sabrá cruzar puentes, remontar colinas. Pero también la asocié con la violencia no solo la que hemos tenido aquí, sino en el mundo, la invasión a Irak, las muertes que pasan en televisión. Muchos han muerto por la sangre que se va. El final del poema alude a eso: "la sangre de los asesinados va como un horizonte infame". Un horizonte que nos acusa a todos."

En 2006 le plantearon esta observación: "Miras los objetos con la misma humanidad con que miras a tus semejantes." Y respondió: "Sí pues, soy medio panteísta (risas). Los miro pensando igual cuando miro a una persona, a ver, qué dice pues, qué expresa. Claro, no estoy en ese plan todo el tiempo, pero de pronto se expresa, dicen algo. Yo siento que los poemas me son regalados, alguien me los regala, alguien me dice, allí está el poema. El gran trabajo es plasmarlo."

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